La Trinidad en Santa Teresa de Ávila

Entrevista al carmelita Rómulo Cuartas Londoño

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ÁVILA, viernes, 6 mayo 2005 (ZENIT.org).- La Trinidad es la primera evangelizadora. Lo explica el carmelita Rómulo Cuartas en «Experiencia Trinitaria de Santa Teresa de Jesús», un libro recién editado por Editorial Montecarmelo.



Zenit ha entrevistado a este especialista en Santa Teresa y profesor del Centro Internacional Teresiano y Sanjuanista de Ávila para dilucidar en qué medida el dinamismo trinitario renueva la vida del creyente y para profundizar en la experiencia trinitaria de la santa castellana.

--¿Cómo entiende Teresa la Trinidad?

--Cuartas: En realidad, Teresa entiende la Trinidad experimentándola y viviendo en ella. Los conceptos que nos da sobre el misterio son los mismos que presenta la Teología: que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tres Personas que se comunican, se aman y están en permanente don. Pero ella remite a los teólogos la conceptualización.

Lo que le interesa comunicar es lo que ha experimentado y vivido. Y lo que ella ha vivido es que Dios ha salido a su encuentro, se ha dejado ver y oír en Jesucristo y que ella se siente viviendo en Dios en medio de los afanes de la vida cotidiana.

--¿En qué consiste la experiencia mística de la Trinidad de Teresa de Ávila?

--Cuartas: Podemos decir que la Santa ha vivido la experiencia de una relación personal, real y objetiva, con cada una de las Personas de la Santísima Trinidad y con todas en conjunto hasta llegar a tener conciencia de estar inmersa en la comunidad trinitaria de una manera familiar, cercana y habitual.

Dicha experiencia de comunión con la Divinidad tiene un proceso que pasa por la conversión, la oración contemplativa, la presencia amorosa. Pero en su cumbre y madurez es una experiencia que se da en la vida ordinaria sin entorpecer para nada el cumplimiento de los deberes cotidianos de la persona. Al contrario, los estimula y les da calidad.

Es importante saber que Teresa está viviendo concientemente esta experiencia al menos desde 1572 y que los diez últimos años de su vida, hasta 1582 cuando muere, fueron los más intensos en nuevas fundaciones, dificultades, persecuciones, enfermedades contradicciones y escritura de cartas de todo género.

--La Santa «no le quita a nadie» la oportunidad de entrar «en el castillo». ¿Es Teresa de Jesús una guía necesaria para todos, especialmente para los más pecadores?

--Cuartas: En efecto, Santa Teresa, desde su experiencia, hace una propuesta incluyente, nunca excluyente.

Lo que se propone con su testimonio es convencer y estimular a todos con la certeza de que el don de Dios por excelencia, que es la autodonación de Sí mismo al hombre, es promesa cumplida en ella y posible para todos los que creen.

No afirmamos que sea una guía necesaria, ya que el único necesario en este proceso es Cristo. Pero sí una guía oportuna y calificada. Ella misma dice a su confesor que mientras no encuentre alguien que tenga más experiencia que ella, siga el camino de Jesucristo, tal como ella lo ha seguido, con la certeza de que va seguro.

Pero, a pesar de su seguridad, nunca excluye otros caminos. Para ella lo importante es dejarse alcanzar por Cristo y seguirlo. Él nos conduce hasta lo más íntimo de la vida intratrinitaria.

Por eso para la santa, los que se consideran a sí mismos o son considerados por los demás «grandes pecadores», si quieren, pueden ser «grandes afortunados» porque tienen la posibilidad de experimentar de manera más profunda y eficaz hasta dónde llega la misericordia del Padre manifestada en Cristo.

--Usted habla de Teresa como «teóloga de la experiencia», ¿cree que un peligro de la teología sería alejarse de la experiencia?

--Cuartas: Creo más todavía. Sin la experiencia de Dios difícilmente se puede decir una palabra válida sobre Él. Pueden darse especulaciones más o menos profundas. Pero teología propiamente dicha nunca la habrá sin la experiencia propia o al menos referida a la experiencia de otros.

De ahí el gran valor de los místicos y de los santos. Son testigos que no sólo comunican la experiencia cualificada que ellos han vivido, sino que de tal manera nos estimulan que bien podemos decir que muchas personas aún sin escuela, sólo por lo que viven, son teólogos capaces de decirnos con certeza mucho sobre Dios.

La teología actual está dando un giro muy importante hacia la experiencia. A fin de cuentas la Biblia, que es la norma de toda teología, nos comunica la experiencia de Dios vivida por el pueblo de Israel y por la primitiva comunidad cristiana.

De ahí que podamos decir que los buenos teólogos son siempre personas de experiencia, como lo fueron los Padres de la Iglesia que armonizaron admirablemente experiencia y sabiduría, ciencia teológica como comunicación sabia de lo experimentado. En esta misma línea están los místicos como Teresa de Jesús, Juan de la Cruz o Edith Stein.

--Parece que hablamos de temas abstractos, pero este «danzar trinitario» tiene consecuencias en la vida de las personas y de la Iglesia ¿En qué sentido?

--Cuartas: Como afirma Edith Stein, comentando la experiencia trinitaria de la Santa, no siempre el hombre es consciente de que este «danzar trinitario» es el medio en que nos movemos y existimos.

Es como el agua para el pez o como el aire para quienes respiramos. Nos aprovechamos del aire sin ser conscientes de su valor. La misma santa se lamenta de esta ignorancia, pues «¿cómo va a gastar y disfrutar con largueza quien no sabe que está sentado en una montaña de oro?».

Por eso, tomar conciencia de esta Trinidad que nos habita y en quien nos movemos, dará otra dimensión a nuestra vida personal, a la vida de la Iglesia y a la vida de la entera sociedad.

Por lo menos generará una nueva ética en todas nuestras relaciones y generará un estilo de vida menos complicado, más tolerante y más simple, con menos esclavitudes y más vitalidad.

La experiencia trinitaria es liberadora, abre nuevos horizontes y nos hace valorar a las personas en lo que son: templos habitados por Dios. De esto es testigo excepcional Santa Teresa. De ahí su empeño en comunicarnos lo que ella ha experimentado para que todos nos animemos a abrirnos a quien anda «mirando y remirando» a ver qué resquicio le dejamos para enriquecernos con el don de Sí mismo.