La última ocurrencia de los extremistas pakistaníes: prohibir la Biblia

Mientras continúan los ataques contra los cristianos, especialmente en el Punjab

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ROMA, miércoles 8 de junio de 2011 (ZENIT.org).- Cuando se trata de atemorizar a la minoría cristiana, los movimientos extremistas de Pakistán no se quedan cortos de ideas. The News ha informado de esta última “idea” de la estrategia fundamentalista contra la comunidad cristiana (31 de mayo).

Como cuenta el periódico pakistaní, durante una rueda de prensa celebrada en la mezquita Masjid-e-Khizra de Lahore -capital de la conflictiva provincia de Punjab- el jefe del partido islamista radical JUI-S ( Jamiat-Ulema-e-Islam, Sami-ul-Haq Group, una escisión del JUI), Abdul Rauf Farooqi, anunció el martes 31 de mayo que había presentado un recurso en el Tribunal Supremo del Pakistán, pidiendo la prohibición de la Biblia en el país.

Para el líder del grupo fundamentalista, cercano al los movimientos jihadistas, entre los que están los talibanes, el libro sagrado del cristianismo debe ser considerado “blasfemo”, porque está contaminado de pasajes o “añadidos” altamente ofensivos y por tanto inaceptables para los musulmanes. Según Farooqi, los “añadidos” en cuestión atribuyen comportamientos inmorales a varios profetas considerados santos por el Islam y constituyen una “corrupción” de la versión original de la Biblia.

El clérigo radical ha declarado que sus colegas ulema (doctores musulmanes) quieren vengar la profanación del Corán por parte del reverendo estadounidense Terry Jones, pero sin quemar la Biblia. Después de un breve “proceso” y ayudado por otro pastor, Jones quemó públicamente, en Florida el domingo 20 de marzo, un ejemplar del Corán, provocando una lluvia de violentas protestas anticristianas en Pakistán.

“¿Pero sabemos qué dice la Biblia de los profetas del Antiguo Testamento?”, dijo Farooqi, según la información provista por el Pakistan Christian Post (3 de junio). “¿Qué hacemos si los relatos de la Biblia son llevados ante el tribunal y considerados blasfemos?¿Debemos quemar la Biblia y matar a todos los cristianos que la han leído?”.

El periódico The News pidió también la opinión del muftí Mohammad Khan Qadri, jefe de la organización Tahafuz Namoos-e-Risalat Mahaz (TNRM, jefe de la organización de alianza de varios grupos religiosos). Según el exponente musulmán, no hay dudas sobre que la Biblia ha sufrido numerosos recortes pero que, de todas maneras, un enfrentamiento abierto con el cristianismo no está en los intereses del Islam, especialmente en este momento crucial.

Las declaraciones del líder radical han conmocionado a la comunidad cristiana del país. En una entrevista con la organización caritativa católica Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACS), el obispo de Lahore, monseñor Sebastián Shaw, ha sido portavoz de las fuertes preocupaciones de los fieles, todavía afectados por las violentas protestas contra la quema del Corán organizada por Terry Jones. “La gente está muy afectada por esto”, dijo el prelado (6 de junio). “Nosotros los cristianos estamos en Pakistán y tenemos el derecho de tener nuestra Biblia. Es un texto divino muy antiguo”.

Monseñor Shaw pidió además, a los fieles que mantuviesen la calma y que no cayesen en la trampa de la provocación tendida por los extremistas. “Lo que necesitamos ahora es la oración y la paciencia”, afirmó. “Si tenemos la respuesta justa, la controversia se aplacará como cualquier otra discusión que surge de repente”, quiso asegurar a su comunidad.

Para el presidente de la Comisión “Justicia y Paz” de la archidiócesis de Karachi, el padre Saleh Diego, “nuestra respuesta, como cristianos en Pakistán, que ya están en el punto de mira, no puede ser otra que la de afirmar la urgencia del diálogo y del respeto a todos los símbolos religiosos y a los libros religiosos, de todas las religiones”. “Es un movimiento que podría alimentar el odio religioso contra los cristianos. Es una amenaza a la convivencia pacífica, un ataque al corazón de nuestra fe”, declaró a la agencia Fides (3 de junio) el sacerdote, que no esconde ciertos temores. “Estos grupos radicales -destacó- quieren eliminarnos totalmente”.

Un nuevo informe, que confirma esta preocupación, publicado en días pasados por el Jinnah Institute, presidido por Sherry Rehman, es decir la diputada musulmana del Pakistan People's Party (del PPP, al poder) considerada “digna de ser asesinada” (wajib-ul-qatl) por el imán de una de las más grandes mezquitas de Karachi porque después del caso de Asia Bibi, había propuesto, en el pasado noviembre, reformar la ley antiblasfemia. La investigación, titulada “A Question of Faith” (Una cuestión de fe), esta basada en entrevistas a más de cien exponentes de la sociedad civil, de las organizaciones no gubernamentales y de las minorías, surge, de hecho, que los cristianos son ya “las primeras víctimas de las persecuciones” y de la “creciente violencia” en el país (Fides, 6 de junio).

Según la investigación, que presenta al gobierno un paquete de 23 recomendaciones, entre las que está un revisión o incluso la abolición de la ley de la blasfemia y la creación de un “ombudsman” o defensor cívico de las minorías, “la condición de los cristianos ha empeorado notablemente” en Pakistán: se sienten “ciudadanos de segunda clase” y “están discriminados en todos los sectores de la vida pública”.

El documento ha sido acogido con satisfacción por la comunidad cristiana. “Estamos totalmente de acuerdo y estamos contentos porque un instituto de este nivel y prestigio, expresión de la intelectualidad musulmana del país, ponga de relieve estos temas y hable de la persecución a los cristianos”, afirmó siempre a Fides, el director de las Obras Pontificias Misioneras en Pakistán, el padre Mario Rodrigues. “No creo que el gobierno quiera afrontar seriamente la cuestión del estatus de las minorías religiosas”, continuó el sacerdote, “pero este informe puede hacer que se mueva de alguna manera, algo nuevo en la opinión pública y en la sociedad civil de Pakistán”.

En el país, los ataques contra objetivos cristianos y las agresiones contra los miembros de la minoría se han convertido en una rutina normal. Según lo que cuenta Compass Direct News (1de junio), musulmanes armados atacaron el pasado domingo 29 de mayo en el pueblo de Lakhoki Kahna, en los alrededores de Lahore, la Numseoul Presbyterian Church, insultando a los fieles, destrozando un altar de vidrio y profanando varios ejemplares de la Biblia y una Cuz.

Una categoría concreta de cristianos ha terminado en el punto de mira de los musulmanes: las mujeres. Son muchísimas las chicas pertenecientes a la comunidad cristiana, raptadas, violadas y obligadas a convertirse al Islam para luego tener que casarse con un musulmán. Según lo que cuenta Fides (27 de mayo), el martes 24 de mayo dos hermanas cristianas -Rebecca y Saima Masih- fueron detenidas en la calle y raptadas en el distrito de Jhung, cerca de Faisalabad. Después una “conversión” al Islam, una de las dos hermanas, Saima, fue entregada como esposa a un rico empresario musulmán, Muhammad Waseem, el mismo hombre que en el pasado había declarado que quería casarse con las dos hermanas. Otro dramático caso de violencia gratuita hacia las mujeres cristianas es el de las dos enfermeras del Fatima Memorial Hospital de Lahore, Nusrat Bibi y Muneeran Bibi. Como cuenta siempre Fides (20 de mayo), las dos mujeres -acusadas injustamente de robo- fueron secuestradas y molestadas durante casi 12 horas por un funcionario musulmán en una habitación del hospital.

El reciente asesinato en Pakistán del fundador e ideólogo de Al Qaeda, Osama Bin Laden, durante un ataque nocturno realizado por un comando de incursión de las fuerzas especiales de la Marina estadounidense ha agravado considerablemente la situación. Según el responsable saliente de la sección de Asia de Caritas Internacional, el padre Bonnie Mendes, “Pakistán está en manos de los talibanes. Son cada vez más fuertes, incluso después de la muerte de Bin Laden”. “Y disfrutan -afirmó el sacerdote católico de Faisalabad a Fides (23 de mayo)- de la aprobación de muchas franjas de población: el ciudadano común, el musulmán pakistaní medio, está muy enfadado con el gobierno, con los Estados Unidos y con la OTAN, y esto favorece las acciones de los grupos talibanes”.

Por Paul de Maeyer