La universidad pública puede colaborar con la Iglesia sin perder identidad

Habla el rector de La Sapienza de Roma en vísperas del Jubileo universitario

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ROMA, 29 agosto (ZENIT.org).- Giuseppe D´Ascenzo, químico ilustre y desde hace tres años rector de la Universidad pública La Sapienza de Roma (una de las más grandes de Italia), con 4.000 profesores, se encuentra muy comprometido con las celebraciones del año santo en Roma. La Universidad acogió a miles de chicos y chicas con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud y ahora se prepara para participar en el Jubileo de los profesores universitarios (3 al 10 de septiembre).



--¿Qué le ha impresionado más de la Jornada Mundial de la Juventud?

--El interés profundo del Papa y su conmoción mientras escuchaba los testimonios de los jóvenes. Y luego todos aquellos jóvenes, en todas las partes de Roma. Hemos albergado también aquí a diversos grupos, sobre todo franceses y del Este europeo. Ha sido la primera vez, clases y ocupaciones aparte, que nuestra universidad ha abierto sus puertas también por la noche, pero no tuve ninguna preocupación. Su comportamiento ha sido verdaderamente digno de encomio. Ni siquiera han rayado una pared. Nunca había sucedido antes. Esto se debe, ciertamente, a la calidad del encuentro al que asistían, pero hay que reconocer también que los chicos eran de calidad, muy responsables.

--Es la primera vez que La Sapienza, universidad pública, alberga encuentros que forman parte del marco de un Jubileo. ¿No ha habido reacciones negativas?

--Este Jubileo de las universidades no es sólo un evento confesional. Es transversal a todos los credos. Desde los musulmanes a los judíos. Nosotros, como universidad, hemos tratado siempre de colaborar con la Iglesia, por ejemplo apoyando también en el pasado las iniciativas de diálogo interreligioso, profundizando los temas a nivel científico y cultural. Y lo hacemos también esta vez en la preparación del gran encuentro de las universidades con el Papa, a través de once congresos que tendrán a La Sapienza en primera fila.

--¿Nadie ha dicho que es una manía del rector?

--No, al contrario: muchísimos profesores han colaborado poniendo a disposición sus contactos internacionales. Y no lo han hecho sólo los docentes católicos: tenemos muchos profesores judíos, algunos sintoístas, etc.

--Pero, insisto, ¿el Jubileo no es un evento de carácter estrictamente religioso?

--Ciertamente, este Jubileo quiere decir también «id a anunciar mi Evangelio». Pero también invita a anunciar civilización, cultura... Sin forzar las conciencias, en extrema libertad.

--El Papa ha indicado como tema para el Jubileo de los profesores de universidad el tema del nuevo humanismo. ¿Qué significa esto para usted?

--Es lo que está haciendo el Papa: el pontífice está dando una serie de pasos para mejorar la relación con las otras confesiones. Y nosotros , en pequeño, hacemos lo que el Papa está haciendo a gran escala. Yo mismo fui el pasado julio a los Balcanes para ofrecer nuestra colaboración a la Universidad de Sarajevo, de la que estamos convirtiéndonos en una hermana. Colaboramos con muchas universidades extranjeras con problemas, para ayudarlas a reconstruirse.

--El Jubileo es también la ocasión para hacer un examen de conciencia ¿Qué hacen ustedes en este sentido?

--Estamos tratando de hacer que los estudiantes vuelvan a formar parte de la Universidad. Querría contribuir a crear en todas las facultades el clima que había en los laboratorios de mi juventud: la experiencia más bella es justamente la confrontación con los jóvenes. En el rectorado los echo mucho de menos. Perder el contacto con ellos ha sido duro, incluso a nivel de estímulo intelectual. Superados los 35 años, las investigaciones y también las ideas se hacen menos originales: la chispa auténtica la tienen los jóvenes.