La vida prenatal: indagando el misterio del ser

Segundo encuentro del ciclo de conferencias ''La vida es digna siempre''

Roma, (Zenit.org) Rocío Lancho García | 1843 hits

Hoy ha tenido lugar la segunda cita del ciclo de encuentros "La vida es digna siempre", promovido por el Centro del Ateneo por la Vida de la Universidad Católica, en colaboración con el Centro Cultural de Roma, el Policlínico A. Gemelli. Se trata de una serie de encuentros dedicados a los momentos "débiles" de la vida humana, la vida prenatal, la discapacidad, la vejez avanzada, el final de la vida.

“La vida prenatal: indagando el misterio del ser”, ha sido el titulo del seminario celebrado hoy en el Policlínico universitario A. Gemelli. Para tratar el tema del misterio de la vida prenatal han participado Carlo Bellieni, profesor de Terapia neonatal en la escuela de especialización de Pediatría en la Universidad de Siena; Giuseppe Noia, profesor de medicina de la Edad Prenatal en la Católica de Roma y Patricia Papacci, de la Unidad operativa compleja de Neonatología Policlínico A. Gemelli. Como una participación especial, el encuentro ha contado también con la presencia de Roberto Corbella, padre de Chiara, una mujer fallecida a los 28 años por retrasar el tratamiento de cáncer que padecía para salvar la vida del bebé del que estaba embarazada.

El profesor Bellini ha comparado la vida prenatal con un "mar de belleza" en el que en la olas, en la superficie, no se ve nada pero que si se va a lo profundo se ve la vida. Además ha hecho un repaso de diferentes estudios realizados en los que se estudia la capacidad sensitiva del feto y de la fuerte unión que hay entre el embrión y la madre durante los meses de embarazo. El embarazo, ha explicado, es el tiempo en el que la madre prepara al bebé para lo que le espera fuera del seno. Uno de los estudios que ha mostrado demuestra que los niños cuyas madres han bailado o realizado alguna actividad física durante el embarazo, necesitan ser acunados con más fuerza en el movimiento para conseguir dormir.

Ha llamado también la atención sobre el uso del término feto, un uso postmoderno, que tiene cierta connotación negativa. Mientras que sugiere más el uso del término embrión cuyo significado es "el que florece dentro". También ha matizado la importancia de las consecuencias psicológicas en las mujeres que abortan, un aspecto que pocas veces se explica.

A continuación, el doctor Noia ha querido destacar el hecho de que hablar del sentido de la vida prenatal no tiene por qué ir unido a un hecho religioso, católico; es un hecho en sí: "de la unión de dos células, surge un ser único e irrepetible". Ha aportado una cifra que supone una reflexión importante en este asunto: se realizan 53 millones de abortos en el mundo al año. Desde la concepción, ha afirmado, la persona es el propio director de orquesta de la vida.

Para finalizar con el aspecto más "técnico" del encuentro, la doctora Papacci ha abordado el tema del cuidado y la cura de los neonatos. Ha comenzado con una cita de Rupnik: "La época moderna tiene un alto nivel de conocimiento alcanzado, pero tal conocimiento se establece de forma idealista, la vida humana vale menos que los conceptos, a pesar de tanto humanismo". La doctora ha hecho un recorrido sobre las pautas a seguir y aspectos a tener en cuenta en el tratamiento de un neonato enfermo, en la atención a la familia.

Pero sin duda alguna, la intervención más conmovedora, por lo personal, ha sido la de Roberto Corbella. Un padre emocionado, que sin poder contener la lágrimas, ha contado la experiencia de Chiara. Ha reconocido que él, antes, era un hombre que creía en el aborto como una solución para algunos casos concretos y ha añadido que era un ignorante y no conocía ni entendía muchas cosas. Chiara, ha dicho, amaba la vida. Ha recordado cómo fue el proceso de los dos primeros embarazos, y que aún sabiendo que los bebés venían con problemas de salud, Chiara y su marido decidieron seguir adelante. Los dos primeros niños murieron, pero como ha reconocido Roberto, tuvieron la oportunidad de conocer la vida. Con el tercer embarazo, el de Francesco, todo fue diferente. Y aunque la familia tenía miedo por el niño, esta vez fue Chiara a la que diagnosticaron la enfermedad. Roberto ha reconocido que la capacidad de su hija fue la de la elección justa y la de responder de manera positiva, no una elección de mártir.