La violación del Derecho Internacional lleva a la anarquía, advierte el cardenal Martino

Recalca que la ONU es el mayor instrumento de coordinación de la vida internacional

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TRANI, martes, 10 febrero 2004 (ZENIT.org).- En un momento en que se advierte la tentación de apelar al derecho de la fuerza antes que a la fuerza del derecho hay que recordar que «la violación del Derecho Internacional precipita a todos en una condición de anarquía y de ilegalidad profunda», advirtió el sábado el cardenal Renato Martino, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz.



El purpurado intervino en estos términos en el Congreso de juristas católicos celebrado estos días en Trani, en la región italiana de Puglia, en torno al tema «Paz y derecho internacional».

Remitiéndose a los puntos esenciales del mensaje de Juan Pablo II para la Jornada Mundial de la Paz de este año --«Un compromiso siempre actual: educar a la paz»--, el cardenal Martino (durante 16 años observador permanente de la Santa Sede ante la ONU) puso de manifiesto la insustituible función del derecho internacional en la defensa de la paz misma.

También advirtió que el crecimiento de tal derecho requiere a los Estados la disponibilidad a ceder cuotas cada vez mayores de su soberanía para lograr la seguridad y el bien común universal.

El presidente del dicasterio recalcó que es tarea del derecho internacional evitar que prevalezca la ley del más fuerte o del más rico y sustituir el derecho de la fuerza con la fuerza del derecho.

La Santa Sede --dijo el cardenal Martino-- ha contribuido de forma determinante a la actual evolución del derecho internacional, de derecho de la guerra y de la paz a derecho cada vez más de la paz, atento a la justicia y a la solidaridad.

En su opinión, en momentos como el actual, en que cada vez más se advierte la tentación de apelar al derecho de la fuerza antes que a la fuerza del derecho, hay que recordar que la violación del derecho internacional precipita a todos en una condición de anarquía y de ilegalidad profunda, con repercusiones negativas duraderas.

En este sentido, la prohibición del uso de la fuerza, salvo en los casos autorizados por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y establecidos en la Carta de la ONU, se sitúa como regla obligatoria del orden internacional y da sustancia jurídica al grito de los pueblos, del que el Santo Padre se ha hecho intérprete sosteniendo que la guerra es siempre una derrota de la humanidad.

De ahí que el purpurado advirtiera que las Naciones Unidas --según la definición de Juan Pablo II-- son «el mayor de los instrumentos de síntesis y de coordinación de la vida internacional».

La realización de esta función de la ONU --recalcó el cardenal Martino-- requiere de todos los Estados la renuncia a acciones unilaterales que minen la fuerza y contravengan los principios de su Carta.

El presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, refiriéndose igualmente al mensaje papal, señaló también que la justa y debida lucha contra el terrorismo, para ser eficaz, no puede limitarse sólo a la represión, sino que debe eliminar sus causas y elaborar instrumentos jurídicos adecuados de prevención y control.

«En cualquier caso, los gobiernos democráticos saben bien que el uso de la fuerza contra los terroristas no puede justificar la renuncia a los principios de un Estado de Derecho y en ningún caso implicar la violación de los derechos fundamentales de la persona humana», concluyó.