La visita de los obispos mexicanos al Papa replantea la cuestión de la libertad religiosa

El segundo país católico del mundo todavía mantiene cortapisas a este derecho fundamental

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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 30 agosto 2005 (ZENIT.org).- La visita «ad limina» de los obispos de México, que ahora comienza replantea «la difícil historia de las relaciones entre Iglesia y Estado en el país latinoamericano», considera «Radio Vaticano».



La emisora pontificia, en su noticiero internacional en italiano de este martes abrió con un análisis sobre los desafíos del país con el mayor número de católicos del mundo, después de Brasil, y con una historia de «mas de un siglo de dramas, persecuciones y mártires».

Las relaciones Iglesia-Estado fueron complicadas desde 1821, fecha en la que México alcanzó su independencia de España, según aclaraba el noticiero. «Fue apoyada por católicos y no católicos, pero los liberales revolucionarios trataron con todos los medios de sustraer el país de la influencia de la Iglesia católica».

«La fractura se hizo formal e insuperable en 1917: México adoptó una constitución que dio origen a una serie de abusos: religiosas, sacerdotes, seminaristas quedaron privados de los derechos civiles, se eliminó la libertad de enseñanza y de prensa concedida a los católicos».

La reacción a estas imposiciones, según recuerda la emisora tuvo lugar en 1926 cuando jóvenes obreros y estudiantes organizaron una coalición de sublevación. Surgió la así llamada guerra de los «Cristeros», que llevó a Pío XI a denunciar la terrible situación de los católicos mexicanos en la encíclica Iniquis afflictisque (18 de noviembre de 1926).

«Tres años después, el gobierno y la Santa Sede encontraron un acuerdo, pero mientras tanto cayeron miles de muertos, también entre las filas de la Iglesia, obligada a vivir únicamente de la benevolencia de las autoridades, pero sin garantías legales», añade el informe.

La situación evolucionaría poco después de la elección al pontificado de Juan Pablo II, quien visitó México en su primer viaje internacional (enero de 1979) para participar en la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano celebrada en Puebla.

«Para la Iglesia en México, tras décadas de sufrimientos, llegó la hora de hacer escuchar su voz sobre los problemas sociales de la nación sobre los que pesa una grave crisis económica y financiera», explicó «Radio Vaticano».

El gran cambio tuvo lugar en 1991 con la reforma de la Constitución que llevó al reconocimiento de los derechos negados a la Iglesia durante más de cien años. México y la Santa Sede restablecieron al mismo tiempo sus relaciones diplomáticas.

«La mayor libertad de acción, a pesar de algunas restricciones, ha permitido y permite hoy a la Iglesia en México comprometerse sobre todo en esas zonas de pobreza social e individual que son el producto característico de los países que tiene que armonizar el desarrollo con una grave pobreza de fondo», afirma la emisora vaticana.

El 10 de agosto la Conferencia Episcopal Mexicana publicó un comunicado con el título «Por una auténtica libertad religiosa en México», en el que advertía: «un Estado que quiera ser realmente democrático no puede prescindir del respeto pleno a la libertad religiosa de sus ciudadanos» (Cf. Cf. Zenit, 17 de agosto de 2005).

En México, asegura el documento, «se reconoce la libertad de culto pero con claras y marcadas privaciones». En particular, denunciaba la falta de «libertad de difusión de credos, ideas u opiniones religiosas», pues la Iglesia no tiene acceso a ciertos medios recomunicación.

El texto también denunciaba la falta de «derecho a la formación, educación y asociación religiosa», y «a la objeción de conciencia».

Entre otros desafíos para la Iglesia en México, «Radio Vaticana» menciona la «crisis de la familia, del mundo juvenil y la inmigración», el «descenso de las vocaciones», el «intenso proselitismo de las sectas religiosas» y el «narcotráfico».

De los sus 106 millones de habitantes, los católicos en México son en torno al 90%. La visita «ad limina» de los 115 obispos mexicanos residenciales y auxiliares se desarrollará durante todo el mes de septiembre. Si bien estas visitas deberían tener lugar cada cinco años, a causa de la salud de Juan Pablo II, la última que realizaron los prelados mexicanos fue en 1994.

Las visitas estarán divididas en cuatro grupos de acuerdo a distintas regiones del país: nor-occidente, nor-oriente, centro y sur, según ha informado la Oficina de Información de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

El Santo Padre dirigirá un discurso a los obispos de cada región en el que subrayará las necesidades pastorales de las distintas Iglesias particulares.