La vocación espiritual debe primar sobre el papel social del sacerdote

Los sacerdotes deben en primer lugar irradiar a Cristo, señala obispo holandés

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ROMA, viernes 12 de marzo de 2010 (ZENIT.org).- El obispo de Utrecht (Holanda) monseñor Willem Jacobus Eijk manifestó su preocupación por la “falta de contenido espiritual” de algunos sacerdotes que lamentablemente ponen por encima su labor social de su vida espiritual.

Así lo dijo en una ponencia denominada “Entre la vocación espiritual y el papel social” dentro del congreso “Fidelidad a Cristo, fidelidad al sacerdote”, que se finaliza hoy en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma con motivo del año sacerdotal.

Después de presentar un contexto histórico de la situación actual del sacerdote, monseñor Eijk resaltó que lo más valioso de la vocación sacerdotal está en “su identidad intrínseca, la sacramental de hombre que representa a Cristo en persona”, pero que en muchas ocasiones se cae en el error “de estar aferrados a su identidad extrínseca, es decir, a las funciones de líder en la sociedad profana y de las organizaciones católicas”.

Aseguró que una de las causas de esto “debe buscarse en la creciente dificultad de dedicarse al cuidado de las almas, actividad amenazada por la secularización”.

Identidad sacerdotal

El obispo holandés aseguró que el Concilio Vaticano II, al señalar la identidad del laico en la Iglesia, ha también destacado la vocación del sacerdote de ser otro Cristo.

“El Concilio no ha introducido una discontinuidad en la identidad del sacerdote”, aclara. Pero explicó que “ha habido de todas maneras tal discontinuidad fuera del contexto del Concilio en dos fases diversas”.

“La primera”, subraya, “ha sido una modificación gradual del modo en el que los sacerdotes vivían su identidad intrínseca, fenómeno que se ha manifestado al menos en la Europa del nor – oeste en los años 40 del siglo pasado”

E indica que en la segunda fase “la imagen social que el sacerdote tenía hasta finales de los 50, ha declinado rápidamente que la época revolucionaria de los años 60”.

Así, monseñor Jacobus aseguró que el Concilio “mirando los dos polos justo a tiempo, ha evitado que la crisis haya minado de manera añun más grave la identidad del sacerdote”. Dijo que así, que el sacerdote siempre tendrá el desafío de encontrar un equilibrio entre el rol social y la vida espiritual. Para ello indicó que es necesario “evitar la tentación de forzar vocaciones sacerdotales, fijando la atención en la identidad extrínseca del sacerdote”

Reconoció que los sacerdotes se encuentran “diariamente expuestos a la presión, a las tensiones y a las desilusiones ligadas a la proclamación del Evangelio en nuestra sociedad poco abierta a la fe cristiana”, razón que influye para que no pocos de ellos caigan en el activismo.

Monseñor Willem Jacobus Eijk concluyó diciendo que para permanecer fieles al aspecto principal de su vocación es necesario “cuidar lo más posible su relación con Cristo sacerdote, maestro y pastor”.