La voluntad de Dios, fuerza y serenidad del creyente; según Juan Pablo II

Reanuda las audiencias generales tras las vacaciones meditando en el Salmo 118

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 21 julio 2004 (ZENIT.org).- El cumplimiento de la voluntad de Dios es la fuerza del creyente, constata Juan Pablo II.



«Por este camino encontrará la paz del alma y logrará atravesar el nudo oscuro de las pruebas, alcanzando la verdadera alegría», afirmó al concluir su intervención en la audiencia general de este miércoles.

Terminadas sus vacaciones de verano en los Alpes italianos, el pontífice dejó en coche por la mañana la residencia pontificia de Castel Gandolfo para poder encontrarse en la sala de las audiencias generales del Vaticano con todos los peregrinos que habían pedido participar en la misma.

Su meditación se centró en la decimocuarta estrofa del largo Salmo 118 que comienza con las famosas palabras «Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero».

Continuó así sus comentarios a los salmos y cánticos que presenta la Liturgia de las Vísperas, oración de la Iglesia al anochecer.

«El hombre penetra en el sendero con frecuencia oscuro de la vida, pero de repente las tinieblas se deshacen ante el esplendor de la Palabra de Dios», comenzó diciendo.

«Cristo mismo se presentará como revelación definitiva precisamente con esa misma imagen: "Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida"», recordó.

El salmo comentado por el Papa continuaba después evocando los sufrimientos y los peligros de la vida, dejando espacio a una sensación tenebrosa cuando dice «los malvados me tendieron un lazo».

«El fiel sabe que avanza por los caminos del mundo en medio a peligros, afanes, persecuciones; sabe que la prueba está siempre al acecho --reconoció el Santo Padre--. El cristiano, por su parte, sabe que cada día debe llevar la cruz subiendo al Calvario».

«Sin embargo, el justo conserva intacta su fidelidad», explicó. «La paz de la conciencia es la fuerza del creyente, su constancia en la obediencia a los mandamientos divinos es el manantial de la serenidad».

Juan Pablo II concluyó citando un comentario al salmo de san Agustín quien se preguntaba por qué Dios exhorta en este pasaje bíblico a la felicidad, si es el deseo más profundo de todo ser humano.

«¿No será porque, si bien todos aspiran a la bienaventuranza, sin embargo la mayoría no sabe cómo alcanzarla?», se preguntaba el obispo de Hipona. El camino, respondía, «no es otro que la ley del Señor».

Es posible leer los comentarios de Juan Pablo II a los salmos y cánticos de la Liturgia de las Vísperas en la sección de Documentos de la página web de Zenit (www.zenit.org).