«“Laicos” no laicistas y católicos no clericales» para una sociedad más libre de las ideologías

Desea monseñor Luigi Negri en el «Meeting» de Rímini

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RÍMINI, domingo, 27 agosto 2006 (ZENIT.org).- En el curso de un concurridísimo acto celebrado el 23 de agosto en el «Meeting» de Rímini, moneñor Luigi Negri -obispo de San Marino y presidente de la Fundación Juan Pablo II- expresó el deseo de que «"laicos" no laicistas y católicos no clericales» se unan sobre los valores.



En el encuentro sobre el tema «Laicidad versus Laicismo» intervino el polaco Nikolaus Lobkowicz -director del centro de estudios sobre Europa del Este y Europa Central-, quien explicó que «el laicismo es el intento de limitar o incluso excluir la influencia de la Iglesia y de la religión en la vida pública», mientras que la vocación del laico podría ser la de «buscar el Reino de Dios tratando las cosas temporales, ordenándolas según Dios».

Según aclaró Lobkowicz -en el marco de este gran encuentro anual que impulsa el movimiento «Comunión y Liberación» en la ciudad italiana-, «el laicismo quiere impedir que en política alguien haga apelación a la propia fe. Incluso ha creado tabúes que no se discuten (aborto, homosexualidad, investigación científica)».

«El Estado moderno –subrayó el profesor polaco- debe estar muy atento a no transformar el laicismo en una nueva religión, como sucedió en los países comunistas».

«Pero todo esto no es razonable», comentó Lobkowicz, porque en realidad «todos los valores recogidos en las Constituciones de los Estados europeos tienen un indiscutible origen cristiano y sin el cristianismo no habrían surgido nunca».

Y concluyó manifestando el convencimiento de que «trabajando juntos, “laicos” y católicos pueden identificar un itinerario común para detener el declive de nuestra sociedad».

Por su parte el senador italiano Rocco Buttiglione criticó la mentalidad laicista que se remite a la cultura racionalista de matriz francesa, que pretende que la ciencia domine todo, evitando la experiencia de vida de los hombres, la cual debería ser excluida del debate público.

Tras recordar que «a través de la experiencia se llega a la verdad», el filósofo y político subrayó que «nadie tiene el derecho de decirnos que no podemos hablar de nuestra experiencia» porque «los valores entran en la vida pública a través de la experiencia, que es lo único que nos une porque sólo partiendo de ella no se es ni clerical, ni laicista, sino hombre».

Ex presidente del Senado italiano, el senador Macello Pera -también profesor de Filosofía- criticó el laicismo de origen francés que se remite al jacobinismo que excluye cualquier religión para venerar la religión del Estado.

Para mostrar cuán intolerante y deletérea es esta idea de laicidad, el senador Pera –que en varias ocasiones se ha declarado públicamente no creyente- recordó lo que le sucedió al senador Buttiglione en la Comisión Europea. «Allí –constató- se estableció que en política no se puede obtener inspiración de la propia fe, sino que se debe uno homologar al dictado jacobino».

Pera enumeró los males del laicismo: «La chapuza del preámbulo de la Constitución Europea que niega las raíces cristianas, la experimentación con embriones, el derecho al aborto, a la eutanasia, a los matrimonios y a las adopciones de homosexuales, la eugenesia, el partido de los pedófilos holandeses».

«En nombre de la libertad individual –denunció Pera- se permite todo. Incluso el nacimiento de un partido pedófilo».

El senador explicó que tales deformaciones son «todas fruto de la supresión de la tradición cristiana» y añadió que «se está realizando la alianza entre democracia y relativismo y así se vota sobre todo y ya no hay valores no negociables».

Para hacer frente a las deformaciones culturales del laicismo, monseñor Luigi Negri, en la rueda de prensa celebra el 23 de agosto, explicó que «el futuro de la política debe volver a partir de una fuerte identidad cultural» y la Fundación Juan Pablo II «tiene la misión de ayudar a crecer al nuevo laico».

«La preocupación de un obispo –precisó monseñor Negri- es la de garantizar un itinerario de crecimiento de lo humano en el cauce de la doctrina social de la Iglesia».

«Las alianzas no valen más que los valores –subrayó el obispo de San Marino-; se trata de enriquecer la unidad nacional con el diálogo y la confrontación entre las diversas identidades culturales».

En este sentido, monseñor Negri aludió al arte, que «representa un lenguaje universal porque es expresión de la humanidad en su aspecto original como sensibilidad hacia la belleza».