Las asociaciones de laicos y familias tienen que defender sus derechos

Declaraciones del cardenal Antonelli ante el Encuentro Mundial de las Familias en Milán

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Por H. Sergio Mora

ROMA, miércoles 9 mayo 2012 (ZENIT.org).- El VII Encuentro Mundial de las Familias que se realizará en Milán, Italia, del 30 de mayo al primero de junio, y que contará con la participación de Benedicto XVI, dará visibilidad a temas fundamentales de la existencia humana, como “trabajo, familia y fiesta”. Y entre los frutos del encuentro se espera que las familias puedan crear más asociaciones radicadas en el territorio de manera que se pongan en primera fila y se vuelvan interlocutores directos de las instituciones y autoridades para pedir que sus problemas sean atendidos, así como lo hacen los sindicatos a favor de los trabajadores.

Lo ha indicado el cardenal Ennio Antonelli en la conferencia que se realizó el viernes pasado, organizada por el ICEF (Iniciativas culturales educativas y familiares) en los locales de la parroquia romana de San Eugenio, gestionada por sacerdotes del Opus Dei.

A ZENIT su eminencia indicó que “el objetivo del encuentro en la ciudad de Milán es dar la máxima visibilidad a la reflexión sobre algunos temas que son permanentes, pues se trata de dimensiones fundamentales de la existencia humana, de la vida buena del hombre. Justamente: familia, trabajo y fiesta. Valores que hoy sufren desequilibrios, dificultades y riesgos. Por lo tanto una reflexión al más alto nivel posible es oportuna. Entretanto esperamos que después las reflexiones y la atención hacia estos valores continúe en la sociedad, hasta en nivel de las parroquias”.

El presidente del Consejo Pontificio para la Familia añadió que “es necesario hacer caminar juntos a las ideas y los hechos, el mensaje y los ideales, los valores fundamentales y el designio de Dios sobre la familia. Pero además es necesario verificar, la confirmación práctica en la sociedad, en las situaciones y en los testimonios, etc. De manera que emerjan los aspectos positivos y negativos, de tal manera que ser vea como la doctrina de la Iglesia y la realidad tienen una concordancia muy fuerte”.

Un evento que contará con la presencia de Benedicto XVI y esto “nos hará sentir aún más la mundialidad del evento, mundialidad que depende de la presencia en Milán de los representantes de más de cien países y de esta gran asamblea que se reúne alrededor del papa y que es símbolo de la unidad de la Iglesia universal”.

Poco antes en su conferencia, su eminencia recordó al menos en dos oportunidades diversas un punto central: “Si bien es verdad que la Iglesia podría hacer siempre más, entretanto en primera fila tienen que estar los laicos, que tienen que volverse interlocutores directos, como los sindicatos lo son de los trabajadores. Deben tomar consciencia de sí mismos y de su importancia”.

Y prosiguió recordando que si bien los obispos tienen que inspirar y ayudar, “en primera fila tienen que estar los laicos, porque contrariamente no se obtendrán resultados significativos. Hoy la sociedad es laica y secularizada, había un tiempo en el que la Iglesia tenía un rol privilegiado. Hoy en cambio es una componente como las otras”.

“Es absolutamente necesario --indicó el purpurado- que las asociaciones se refuercen. Son muchas, está el forum de las asociaciones familiares. Pero la eficacia depende de no solamente de la cantidad de familias que adhieren, sino también de cuánto están radicadas en el territorio y en todos los niveles: alcaldías, regiones, territorio”. Porque tienen que intervenir “para conciliar familia-trabajo, familia y sindicatos, familia y empresas".

El cardenal Antonelli precisó que “de todos modos en Milán las asociaciones tendrán un rol, como los políticos de orientación católica, del Parlamento Europeo, que prepararán algún documento para llevarlo en su propio ámbito”.

“Me parece importante --indicó- una acción en todos los países. No me canso de recomendarlo”. Porque las asociaciones de familias o laicales “en algunos países son combativas, en otros en cambio no. En Brasil por ejemplo hay tantas asociaciones eclesiásticas pero faltan en el ámbito civil. ¿Quién tiene que proponer una legislación a favor de la familia? Son los cristianos y para ello tienen que moverse”.

En otro momento de su conferencia el cardenal recordó que “pastores y obispos deberían dar coraje a las familias para que adhieran a las asociaciones familiares y deberían ayudarlas a radicarse en el territorio de manera que tomen fuerza. Si hubiera un interlocutor fuerte sería muy diverso también ante las lobby que serían condicionadas de manera fuerte. Pero también por lo que se refiere a la política, el Estado, los administradores, etc. Es importante que exista un interlocutor fuerte, fuerte al menos como los son los sindicatos”.

Hablando de familia también respondió a una pregunta sobre el divorcio, precisando que “es necesario dar a conocer los costos no solamente económicos pero también humanos que provoca, sea a la pareja que se divide que a los hijos y todas las situaciones complejas que se crean. Hay muchos estudios sobre esto. El problema es que hay una especie de conjura del silencio: hay temas que no hay que abordar. ¿Entonces quién tiene que hablar? Son los laicos y este es vuestro campo”, dijo. “Porque la Iglesia puede indicar el ideal, la belleza, pero después la competencia de los estudios, de intentar modificar la realidad, esto es vuestro campo”.

Sobre las nulidades matrimoniales, recordó: “Es verdad que hoy hay más matrimonios nulos que en el pasado. En el libro entrevista 'Luz del mundo' el papa dijo que en el pasado se podía o debía presumir la validez del matrimonio realizado en una iglesia, hoy en cambio no se puede presumir, porque con la actual confusión de ideas, de modelos de vida, de comportamiento, no se puede dar por descontado que quien se casa en una iglesia lo hace porque sabe, porque está bien motivado y bien intencionado. Y esto quiere decir que es necesario ser más serios”.

Por ello, prosiguió, “ya en la Familiaris Consortio, Juan Pablo II decía que la preparación tiene que ser de tipo catecumenal, no simplemente una serie de conferencias con un debate con el especialista, el médico, el teólogo, etc, sino más bien un itinerario prolongado de vida cristiana, doctrinal, pero fundamentalmente práctico, aprender la oración, el diálogo de pareja, el conocimiento profundo mutuo, los proyectos, las obras de caridad, una serie de comportamientos que tienen que dar una cierta garantía que estar bien encaminados".

Y su eminencia sugirió que la preparación “debería ser realizada en grupos pequeños bajo la guía de una pareja de esposos ejemplares y empeñados, que guíen a un grupito de novios en el que prevalece el diálogo de grupo, los empeños concretos, los testimonios recíprocos, etc. Todo el noviazgo tiene que ser una preparación al matrimonio. Un ejercicio concreto de vida cristiana".