Las dificultades de ser un obispo “oficial” en China

"Si se compromete en el camino de la unidad de la comunidad eclesial"

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ROMA, miércoles 21 de abril de 2010 (ZENIT.org) - No es fácil hoy en día ser obispo "oficial" en China tras el comunicado de prensa del 25 de marzo por la Santa Sede, señala Eglises d'Asie (EDA), la agencia de las Misiones Extranjeras de París (MEP).

Preguntados por la agencia UCANews, varios obispos “oficiales” en los que la cualidad episcopal es reconocida tanto por Roma como por Pekín, opinan que la aplicación, para ellos, de ciertos consejos expresados por la Santa Sede en esa reciente declaración sobre la Iglesia en China, les han puesto en una posición delicada.

La declaración en cuestión es el 25 de marzo de 2010, publicada al concluir la tercera reunión de la Comisión del Vaticano para la Iglesia en China. Fundada en 2007 por Benedicto XVI a raíz de la publicación de su Carta a los católicos chinos, la Comisión se reunió en Roma por tercera vez, del 22 al 24 del pasado marzo.

En este texto, la Santa Sede, con una claridad y una publicidad sin precedentes, pidió a los obispos de China que se comprometan en el camino de la unidad de la comunidad eclesial “evitando por tanto realizar gestos (como, por ejemplo, celebraciones sacramentales, ordenaciones episcopales, participaciones en reuniones) que contradigan la comunión con el Papa, que les ha nombrado Pastores, y que creen dificultades, a veces angustiosas, dentro de las respectivas comunidades eclesiales”.

Esto incluye la participación en ceremonias sacramentales que se lleven a cabo con los obispos ejerciendo el ministerio sin mandato pontificio, la ordenación de sacerdotes al episcopado que no hayan recibido su nombramiento de Roma, o incluso la participación en la Asamblea Nacional de representantes católicos, asamblea cuya convocatoria se ha pospuesto más de un año, pero que deberá reunirse antes de finales de 2010.

Esta Asamblea se convoca cada cinco años, y la última, que aún no se ha ceebrado, debería haber tenido lugar en 2009. En ella participan habitualmente los obispos, por delegados de los sacerdotes, religiosos y laciso, y debe elegir a los próximos presidentes de la Conferencia de obispos “oficiales” y de la Asociación Patriótica, cargos actualmente vacantes.

Aunque los tres obispos entrevistados, que pidieron no ser identificados, no mencionaron su “angustia”, sí expresaron claramente la dificultad de que se encuentran. Aunque forman parte de los obispos “oficiales” reconocidos por el Papa, optaron por hablar anónimamente, lo que muestra la sensibilidad de las cuestiones implicadas.

Monseñor "Joseph" no niega que esta declaración ha puesto "bajo presión" a los obispos de China. Elogió la "claridad” de propósito y las indicaciones "más concretas" para lograr la "reconciliación" de las comunidades católicas en China, pero cree que algunos obispos pueden tener dificultades para seguir el consejo y la orientación formuladas por Roma.

Explicó que las situaciones difieren de una diócesis a otra, y que "cada obispo actúa según su propia conciencia". Por su parte, hizo hincapié en que su conciencia no le permitía tomar parte en una ordenación ilegítima (es decir, llevada a cabo sin el consentimiento del Santo Padre). Pero se mostró más dudoso respecto a participar o no en la Asamblea Nacional de representantes católicos, a pesar de que cree que esta institución "es contraria al espíritu de la Iglesia".

Los otros dos obispos – llamémosles "Pablo" y "Pedro" – también afirman que no participarían en una ordenación episcopal ilícita, como expresó claramente el papa Benedicto XVI en su carta de 2007. "Aunque mi diócesis o yo mismo pudieramos sufrir debido a esto, yo desde luego, no participaría en una ordenación ilícita", dice el obispo "Pablo". En cuanto a ser llevados a la Eucaristía concelebrada junto con uno o más obispos ilegítimos, lo que puede suceder durante una reunión especial organizada por las autoridades eclesiásticas, afirma: "Yo no asistiría si el obispo presidente es ilegítimo, pero si es alguno de los concelebrantes, dificilmente puedo hacer otra cosa que participar", explica.

Acerca de una posible participación en la Asamblea Nacional de Representantes de los católicos, el obispo añadió que, si bien entiende las intenciones de la Comisión para la Iglesia en China, parece difícil que un obispo pueda negarse a una convocatoria de las autoridades. "Así como muchos de mis colegas, no quiero acudir a la Asamblea Nacional, pero es difícil rehusar”. La Asamblea está organizada por el Gobierno. "Si usted no va a la reunión, se le acusará de no amar a su país. Los funcionarios responsables sufrirán la presión ejercida por sus superiores y dirigirán su ira a los obispos recalcitrantes. Todo el trabajo que quiere hacer un obispo por su Iglesia será aún más difícil", explicó el obispo "Pablo".

Para monseñor “Pedro”, es difícil poner en práctica lo que pide la declaración del 25 de marzo. ¿Cómo decir "no" a los representantes del poder que pueden ejercer fuertes presiones para que este u otro obispo participe en la Asamblea Nacional de representantes católicos, o que tome parte en una ordenación ilegítima? "Nosotros, los obispos, no sabemos qué hacer. No tenemos margen de maniobra después de la publicación de la carta del Papa. Sólo podemos elegir entre sobrevivir con los fallos del sistema o romper los contactos con el Gobierno", se lamenta, y prosigue: “En la Iglesia 'oficial', se teme poner en peligro las buenas relaciones con las autoridades, construidas pacientemente año tras año".

Según monseñor "Pedro", la próxima reunión de la Asamblea Nacional de representantes católicos sólo puede conducir a una división en la comunidad "oficial". "Yo preferiría participar, aunque sentado pasivamente, para ampliar mis posibilidades en el campo pastoral y para no avergonzar a las autoridades locales de mi diócesis", dice, añadiendo que según él, la mayoría de los obispos “oficiales” "haría lo mismo”. Actuar de otra forma sería poco realista, dice. Aquellos que deseen seguir el consejo dado por la Santa Sede debe prepararse para unas relaciones mucho más difíciles con las autoridades y a un control más estricto - que es otra manera de ser testigo de Cristo, concluye.

[Traducción del francés por Inma Álvarez]