Las esperanzas e interrogantes de Tierra Santa en el nuevo año

El diálogo entre los creyentes, clave para el futuro de la paz

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JERUSALEN, 1 en (ZENIT).- La Iglesia de Jerusalén nunca olvidará la manera en que ha vivido la Nochevieja que dio inicio al 2000. El momento más


significativo tuvo lugar con la erección de la Cruz del Milenio en la colina de Ras El Ahmud, en las laderas del Monte de los Olivos. A medianoche los fuegos artificiales dejaron estallar la alegría de los cristianos.
Fue una noche templada, serena y tremendamente luminosa con una Jerusalén llena de peregrinos y animada como nunca por sus habitantes, en especial
por los extranjeros, que se echaron a las calles para celebrar el nuevo año.
Tras la ceremonia de erección de la Cruz por parte del custodio de la tierra Santa, tuvo lugar una vigilia de oración, en la Basílica franciscana
de Getsemaní y una procesión con velas y antorchas que llegó hasta la colina de Ras El Ahmud, donde se encuentra la «Maison d´Abraham», una casa de acogida que Pablo VI quiso abrir para todos los peregrinos de Oriente, cristianos, judíos y musulmanes.
De hecho, el tema del diálogo interreligioso se convirtió en el «leitmotiv» de este fin de año en Tierra Santa, como sucedió, por ejemplo, en la
oración que el nuncio en Israel y delegado apostólico para Palestina,monseñor Pietro Sambi, dirigió desde el Monte de los Olivos, junto a
algunos judíos y musulmanes, y peregrinos venidos de Oriente, particularmente de Indonesia. El nuncio estuvo en la mañana de hoy en Gaza para plantar con Yasser Arafat un árbol de la esperanza, que quiere ser el auspicio de «un futuro mejor para el millón de personas que se amontona en una franja angosta de territorio y que tiene a sus espaldas un pasado horrible».
En esta mañana, el patriarca latino, Michel Sabbah, presidió una Misa pontifical para unirse al Papa en la oración de la Jornada Mundial de la
Paz. En particular, reflexionó sobre la vida de este siglo en Tierra Santa, que definió como «de división y de fusión». Después planteó dos serios
interrogantes: ¿cómo podemos continuar en el futuro siendo cristianos? Y el otro: ¿seremos capaces de comprender el mensaje que nos dejo el Señor de la historia en nuestra realidad cotidiana, es decir, la coexistencia entre las
religiones monoteístas en una ciudad y en un país que se ha convertido en centro judaísmo, del cristianismo y del Islam?.