Las Fuerzas Armadas deben ser agentes para construir la paz

Concluido el Congreso de los ordinarios militares de Europa

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CIUDAD DEL VATICANO, 21 enero 2002 (ZENIT.org).- Todos los obispos de Europa que trabajan atendiendo espiritualmente a las Fuerzas Armadas se reunieron del 17 al 18 de enero en el Vaticano para participar en un Congreso promovido por la Congregación para los Obispos.



El encuentro tenía como objetivo principal mejorar el servicio de asistencia espiritual a los miembros de las Fuerzas Armadas. Se celebró diez años después del I Congreso de este tipo, que acogió Fulda (Alemania), en 1992.

Se estaba entonces en plena guerra de los Balcanes y Juan Pablo II exhortó a los capellanes militares a convertirse en artífices de la construcción de la Europa del espíritu.

Una de las preguntas a las que ha respondido esta cita es precisamente: ¿pueden las fuerzas armadas ser agentes eficaces para construir la paz?

El ordinario militar de Italia, arzobispo Giuseppe Mani, ha respondido al interrogante en una entrevista a Radio Vaticano.

«Las Fuerzas Armadas no sólo pueden sino que deben ser agentes activos para la construcción de la paz --afirma--. No hay ninguna Constitución de ningún Estado, al menos de Europa, que conciba las fuerzas armadas para atacar, sino para la defensa. Baste pensar en la Constitución italiana que en el artículo 11 prohibe absolutamente a Italia el uso de la guerra para resolver ningún problema».

«El Papa se ha pronunciado para apoyar plenamente la famosa injerencia humanitaria, que se para cuando detiene el puño del agresor --aclara el ordinario militar--. Él mismo ha pedido a las naciones bloquear estas guerras fratricidas».

En el Congreso se han encontrado los obispos que trabajan en la asistencia de los ejércitos. «Cada uno trae una riqueza de experiencias verdaderamente extraordinaria --explica Mani--. Todos nosotros tenemos detrás una experiencia de varios años que han sido muy interesantes».

En particular, se ha afrontado el diálogo interreligioso dentro del Ejército, pues los soldados conviven cada vez más con compañeros de diferentes confesiones.

«El peligro que hoy corre la Iglesia corre es el sincretismo, no el de la guerra de religión», afirma el obispo italiano--.

«Es mucho más fácil defenderse del sincretismo y sostener la propia identidad religiosa en un contexto de confrontación serena que hacer una guerra de religión --subraya--. Creo que en las Fuerzas Armadas esta experiencia es abierta, está llena de una gran fraternidad, no sólo entre los ministros de culto, sino también entre los fieles que tienen creencias diversas o confesiones diversas».

Por último, el obispo considera que el proceso de integración europeo constituye un óptimo auspicio para el futuro de la paz en Europa.