Las medicinas no pueden acabar con la vida, afirma el Papa

Discurso al Congreso Internacional de los Farmacéuticos Católicos

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 29 octubre 2007 (ZENIT.org).- Las medicinas no pueden concebirse para acabar con la vida de las personas, como es en el caso del aborto o la eutanasia, afirmó Benedicto XVI este lunes al recibir a los participantes en el vigésimo quinto Congreso Internacional de los Farmacéuticos Católicos.



Al mismo tiempo, lanzó un llamamiento a la solidaridad para que se permita el acceso a los medicamentos de primera necesidad a todas, las personas, en particular, los más pobres.

«No es posible anestesiar las conciencias, por ejemplo, ante los efectos de moléculas que tienen por objetivo evitar la anidación de un embrión o abreviar la vida de una persona», afirmó el Papa en un discurso pronunciado en francés.

El farmacéutico, aseguró, debe sensibilizar las conciencias «para que todo ser humano sea protegido desde su concepción hasta su muerte natural, y que los medicamentos cumplan verdaderamente con su papel terapéutico».

El pontífice recordó asimismo que «ninguna persona puede ser utilizada, de manera irresponsable, como objeto para realizar experimentos terapéuticos; éstos tienen que desarrollarse según los protocolos que respetan las normas éticas fundamentales».

«Todo tratamiento o experimento tiene que tener por perspectiva mejorar el bienestar de la persona, y no sólo la búsqueda de avances científicos», advirtió.

Según los principios morales fundamentales, aclaró, «perseguir el bien para la humanidad no puede hacerse en detrimento del bien de las personas en tratamiento».

El discurso del obispo de Roma se convirtió también en una enérgica defensa de «la objeción de conciencia, que es un derecho y que debe ser reconocido» para que los farmacéuticos no tengan que «colaborar, directa o indirectamente, en el suministro de productos que tienen por objetivo opciones claramente inmorales, como por ejemplo, el aborto y la eutanasia».

Por último, Benedicto XVI lanzó un llamamiento para que el mundo farmacéutico y todos los que giran a su alrededor tengan «la preocupación de la solidaridad en el campo terapéutico, para permitir el acceso a los tratamientos y a los medicamentos de primera necesidad a todas las capas de la población y en todos los países, en particular, a las personas más pobres».