''Las mujeres contribuyen a la reflexión teológica y comparten la responsabilidad pastoral en una forma nueva''

Agentes y participantes en la nueva evangelización. Propuestas 41 a 46 (V)

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes 16 noviembre 2012 (ZENIT.org).- Ofrecemos a los lectores la traducción al español de las Propuestas 41-46 de los padres sinodales, sobre la Nueva Evangelización para la Transmisión de la Fe, a Benedicto XVI, que serán la base para el próximo documento papal sobre el argumento.

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4) Agentes / Participantes en la nueva evangelización

Propuesta 41: NUEVA EVANGELIZACIÓN E IGLESIA PARTICULAR

La Iglesia particular, presidida por el obispo, asistido por los sacerdotes y diáconos, con la colaboración de personas consagradas y los laicos, es el objeto de la Nueva Evangelización. Esto se debe a que en todas partes la Iglesia particular es la manifestación concreta de la Iglesia de Cristo y, como tal, inicia, coordina, y lleva a cabo acciones pastorales a través de las cuales se implementa la Nueva Evangelización.

En la Iglesia resuena el llamado a la santidad, dirigido a todos los bautizados, invitados a seguir a Cristo y a dirigirse con amor y buena voluntad hacia todos los hombres, a fin de discernir la acción del Espíritu Santo en ellos: "como yo os he amado, que también os améis unos a otros. De este modo todos sabrán que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos con los otros" (Jn. 13,34-35). Para las primeras comunidades cristianas, la comunión era un elemento constitutivo de la vida de fe y necesaria para la evangelización: tenían un solo corazón y un solo espíritu. La Iglesia es comunión, es decir, la Iglesia es la familia de Dios

La Iglesia permite a cada uno de sus miembros, que sean conscientes de su responsabilidad de ser como la levadura en la masa. De esta manera, "la fe que actúa por la caridad" (Gal. 5,6) se convierte en un testimonio contagioso para el mundo en todas sus dimensiones, ofreciendo a cada persona la oportunidad de encontrar a Cristo y llegar a ser a la vez, un evangelizador.

Es conveniente que cada Iglesia particular, cualesquiera que sean las dificultades, desarrolle un sentido de la misión entre sus fieles, cooperando con las otras Iglesias particulares.

Propuesta 42: ACTIVIDAD PASTORAL INTEGRADA

Cada Iglesia particular es la comunidad primaria de la misión de la Iglesia. Debe motivar y conducir una acción pastoral renovada, capaz de integrar la variedad de los carismas, de los ministerios, de los estados de vida y de los recursos. Todas estas realidades deben coordinarse dentro de un proyecto misionero orgánico, capaz de comunicar la plenitud de la vida cristiana a todos, especialmente para los alejados de la atención de la Iglesia. Este esfuerzo debe provenir del diálogo y de la cooperación de todos los componentes diocesanos, tales como: parroquias, pequeñas comunidades cristianas, comunidades educativas, comunidades de vida consagrada, asociaciones, movimientos y creyentes a nivel individual.

Cada programa pastoral debe transmitir la verdadera noticia del Evangelio y centrarse en el encuentro personal y vivo con Cristo; también debe ser estructurado de tal forma, que suscite en todos una adhesión generosa a la fe y una voluntad de aceptar la llamada a ser testigos.

Propuesta 43: DONES JERÁRQUICOS Y CARISMÁTICOS

El Espíritu Santo guía a la Iglesia en la evangelización misionera "con diferentes dones jerárquicos y carismáticos" (Lumen gentium, 4). De hecho, las diócesis son "una porción del Pueblo de Dios confiada al cuidado pastoral del obispo, ayudado por su prebiterio" (Christus Dominus, 11), donde las diversas realidades carismáticas reconocen la autoridad del obispo como parte de su propia acción al servicio de la misión eclesial. El obispo tiene la responsabilidad de dar un "juicio sobre su autenticidad y el buen uso de estos dones" (Lumen Gentium, 12), como un verdadero recurso auténtico para la vida y la misión de la Iglesia.

Los dones jerárquicos y carismáticos, que fluyen del único Espíritu de Dios, no compiten, sino más bien, son co-esenciales para la vida de la Iglesia y la eficacia de su actividad misionera (cf. Juan Pablo II, Mensaje a los participantes en el Congreso Mundial de Movimientos Eclesiales, 27 de mayo de 1998). La vida consagrada tiene un lugar especial en la dimensión carismática de la Iglesia (cfr. Mutuae Relationes, 34, Caminar desde Cristo, 32); y como tal, está completamente inserta en la comunión eclesial, y contribuyen con sus propios dones a la evangelización misionera.

Que se hagan estudios, sea a tanto a nivel diocesano e interdiocesano, para ver en qué medida los dones carismáticos y las jerarquías son capaces de cooperar en la acción pastoral y en la vida espiritual de la Iglesia.

Desde el Concilio Vaticano II, la Nueva Evangelización se ha beneficiado del dinamismo de los nuevos movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades. Su ideal de santidad y de unidad ha sido fuente de muchas vocaciones y notables iniciativas misioneras. El Sínodo reconoce estas nuevas realidades y las anima a usar sus carismas en estrecha colaboración con la diócesis y las comunidades parroquiales, que a su vez se beneficiarán de su espíritu misionero.

Propuesta 44: NUEVA EVANGELIZACIÓN EN LA PARROQUIA

La parroquia, a través de todas sus actividades, debe alentar a sus miembros a convertirse en agentes de la Nueva Evangelización, dando testimonio tanto con sus palabras como con sus propias vidas. Por esta razón, es importante recordar que la parroquia sigue siendo el entorno habitual para la vida espiritual de los feligreses. El Sínodo por tanto, alienta las visitas parroquiales a las familias como un medio de renovación parroquial. A veces sucede que la parroquia se considera solo como un lugar para eventos importantes, o incluso como un centro turístico.

Del mismo modo, los "agentes pastorales" en los hospitales, centros juveniles, fábricas, prisiones, etc., deben tener presente que la Nueva Evangelización debe encontrar espacio en estos lugares. Es un hecho que la Iglesia debe estar presentes en estos lugares, porque Cristo ha mostrado su preferencia por las personas allí presentes. Por cuanto a ellas corresponde, a todas las Iglesias se les exhorta a abrirse a esta misión, dondequiera que estén.

Propuesta 45: EL ROL DE LOS FIELES LAICOS EN LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

La vocación y la misión propia de los fieles laicos es la transformación de las estructuras terrenas, para que cada comportamiento y actividad humana sea informada por el Evangelio. Este es el motivo por el cual es tan importante orientar a los laicos cristianos hacia un conocimiento íntimo de Cristo, a fin de formar una conciencia moral por medio de una vida en Cristo.

El Concilio Vaticano II señala cuatro aspectos principales de la misión de los bautizados: el testimonio de sus vidas, las obras de caridad y de misericordia, la renovación del orden temporal y la evangelización directa (cf. Lumen Gentium, Apostolicam actuositatem). De esta manera, serán capaces de dar testimonio de una vida que sea verdaderamente coherente con su fe cristiana, como individuos y como comunidad.

Los laicos cooperan en la obra de evangelización de la Iglesia, como testigos y al mismo tiempo como instrumentos vivos de la misión salvífica que comparten (cf. Ad Gentes, 41). Por lo tanto, la Iglesia reconoce los dones con que el Espíritu obra en todos los bautizados para la construcción del cuerpo, y debe proporcionar un estímulo y preparación adecuados para favorecer su celo apostólico en la transmisión de la fe.

Propuesta 46: COLABORACIÓN DEL HOMBRE Y DE LA MUJER EN LA IGLESIA

La Iglesia reconoce la misma dignidad de mujeres y hombres en la sociedad, como creados a imagen de Dios; y en la Iglesia, según su vocación común como bautizados en Cristo. Los pastores de la Iglesia han reconocido las capacidades especiales de las mujeres, así como su atención hacia los demás y sus dones para la educación y la compasión, de una manera muy especial en su vocación de madres. Las mujeres, junto con los hombres, dan testimonio del Evangelio de la vida con su dedicación a la transmisión de la vida en la familia. Juntos ayudan a mantener viva la fe.

El Sínodo reconoce que hoy en día, las mujeres (laicas y religiosas), junto con los hombres, contribuyen a la reflexión teológica a todos los niveles y comparten las responsabilidades pastorales en una forma nueva, llevando adelante la Nueva Evangelización para la transmisión de la fe.

Se pueden leer las anteriores entregas en:

http://www.zenit.org/article-43622?l=spanish;

http://www.zenit.org/article-43595?l=spanish

http://www.zenit.org/article-43603?l=spanish

http://www.zenit.org/article-43613?l=spanish.

Traducido de la edición italiana de ZENIT por José Antonio Varela V.