Las niñas francesas podrán abortar sin el consentimiento de sus padres

Monseñor Berranger: Un signo de que la democracia está en peligro

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PARIS, 5 oct (ZENIT.org).- Un proyecto de ley aprobado ayer por el Gobierno francés permite a las menores de edad abortar sin la autorización de sus padres. Al mismo tiempo, el ejecutivo formado por una coalición de fuerzas de izquierdas (socialistas, ecologistas y comunistas) amplía el plazo legal para el aborto: de diez a doce semanas de embarazo.



En declaraciones concedidas a Zenit, el obispo Olivier de Berranger, presidente de la Comisión social de la Conferencia Episcopal Francesa, denuncia la «miopía de los gobiernos» que en materia de cuestiones tan importantes como la familia adoptan «medidas electorales» que buscan «agradar», pero que «dejan a un lado los problemas verdaderamente graves».

El proyecto de ampliación de la ley sobre interrupción voluntaria del embarazo en Francia, presentado ayer por la ministra del Empleo y la Solidaridad, la socialista Martine Aubry, supone una reforma de la conocida como «ley Weil» de 1975, que legalizó el aborto en el país galo.

Según el texto del ejecutivo, las menores embarazadas podrán acudir a abortar a los servicios médicos --en la actualidad son unas 5.000 cada año-- acompañadas de un adulto que ellas mismas hayan escogido entre sus parientes o entre los miembros de asociaciones.

La propuesta ahora tendrá que pasar al Parlamento. Se espera que sea aprobada, pues la coalición de izquierdas cuenta con la mayoría.

Una sociedad sin debate
Monseñor Berranger, obispo de la diócesis de Saint-Denis, situada en las afueras de París, al comentar el proyecto de ley gubernamental, recuerda que en el último año se han adoptado en Francia leyes que atentan contra la familia, como es el Pacto de convivencia civil para las parejas de hecho (PACS). «Se nos dice que los franceses están "contentos" después de un sondeo --comenta el prelado --. Sin embargo, ya no hay puntos de referencia objetivos. La única norma es lo que se quiere que piense la gente. Lo mismo pasa con la eutanasia: el Comité ético ha lanzado un globo sonda para ver qué es lo que pasa; lo que se busca es llegar a una ley similar a la que ha sido adoptada en Holanda. Y esto sucede también con la introducción de la píldora abortiva del día después, la ampliación del plazo legal para abortar o el "despojo de la responsabilidad" de los padres».

Laicismo militante
Al mismo tiempo, el obispo deplora que sobre estas cuestiones las religiones presentes en Francia --judaísmo, cristianismo en sus diferentes confesiones, e Islam-- no hayan sido consultadas por el ejecutivo. Es una prueba más del «laicismo» del Gobierno, constata, que se ha manifestado también en el rechazo «de aludir a la religión que más ha conformado nuestra cultura» a la hora de redactar la Carta europea de Derechos Humanos (Cf. Terminado el borrador de la Carta europea de Derechos Humanos). Ante tanta indiferencia de la sociedad ante las imposiciones del Gobierno, el obispo se dice «escandalizado», ante todo como hombre, y después como francés y cristiano. «¿A dónde vamos?», se pregunta.

¿Democracia o demagogia?
¿Qué hacer? «Echar un jarro de agua fría a la opinión pública para que despierte del letargo», considera. Ahora bien, reconoce que, cuando se trata de reaccionar, la actualidad ya «ha cambiado de objetivo», no se toma «la distancia necesaria» para afrontar las cuestiones más importantes con objetividad. De este modo, se llega a la ausencia de «un auténtico debate en la opinión pública».

El obispo denuncia, en este sentido la dictadura del «políticamente correcto» del Gobierno francés, tanto en el campo económico, como social y moral. «No creo en la fase actual de la democracia», confesa.

Medios de comunicación
En el respeto de la opinión pública, monseñor de Berranger, constata la importancia decisiva de los intermediarios naturales entre los líderes políticos y la gente: los medios de comunicación, que se han convertido en «comerciantes».

El obispo, sin pelos en la lengua, analiza la actuación del buque insignia de la prensa francesa, el diario parisino «Le Monde». Este prestigioso periódico se ha ganado su reputación gracias a los grandes nombres de periodistas «que buscan respetar la verdad, una cierta objetividad». Reconoce que esto todavía es válido para los corresponsales en el extranjero de «Le Monde» (y cita la cobertura que ha ofrecido, por ejemplo, sobre Serbia). Ahora bien, por lo que se refiere a la política interior francesa, constata «una tendencia que se da desde el final de reinado del presidente François Mitterrand»: cada vez que saca un escándalo tira un 30 por ciento más de ejemplares. «Lo que se busca es vender», deplora de Berranger.

¿La cultura francesa ha terminado como la de Estados Unidos? Le preguntamos a este obispo conscientes de lo sensible que es para todo francés una comparación así. «Sí», reconoce. Ahora bien, demostrando su honestidad, considera que no todos son iguales. Hay algunos que salvan a su categoría, como es el caso del periodista Bruno Frappat, director del diario «La Croix», «una persona que habla en conciencia».

«Me siento humillado y entristecido por la cultura europea, por mi país, ante el espectáculo de los hombres políticos de Francia y ante la prensa francesa», concluye el obispo.

El anuncio
La aprobación del proyecto de ley por parte del gobierno fue presentado por le telediario de las 20:00 horas de la cadena de televisión estatal «France 2» como una medida «necesaria» a causa del «abandono» en que se encuentran las cinco mil mujeres que todos los años se van a abortar al extranjero por haber superado las diez semanas de embarazo previstas por la ley. En España, este plazo alcanza las 22 semanas. Un reportaje narró la experiencia de una muchacha francesa llevada a Barcelona por su madre para ser sometida a esta «operación» de quince minutos «con anestesia general». La chica nunca se planteó las repercusiones de su decisión, comentó el periodista encargado del reportaje.