Las Reducciones Jesuitas fueron un verdadero triunfo de la humanidad

Palabras del cardenal Ouellet en la inaguración de la Semana Paraguaya en Roma

Roma, (Zenit.org) Redacción | 1067 hits

Ofrecemos las Palabras de apertura de las Jornadas organizadas por la Embajada del Paraguay ante la Santa Sede, a cargo del cardenal Marc Ouellet, presidente de la Pontificia Comisión para América Latina y Prefecto de la Congregación para los Obispos, pronunciadas este lunes 27 de mayo, en la Real Academia de España.

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Me siento muy honrado de poder presidir este acto de apertura de las tres jornadas en las que se desarrollará este importante evento promovido por la Embajada de la República del Paraguay ante la Santa Sede, con el alto auspicio de la Comisión Pontificia para América Latina, la Real Academia de España en Roma y el Meeting para la Amistad entre los Pueblos. Su objetivo es el de conmemorar el Bicentenario de la Proclamación de la República del Paraguay, el 25º aniversario de la Canonización de San Roque González de Santa Cruz y el 25º aniversario de la visita de Su Santidad Beato Juan Pablo II, con una serie de actos de importante envergadura cultural y espiritual. Aprovecho, además, la amable ocasión para saludar muy cordialmente al Director de esta ilustre Academia que nos hospeda, a los Señores Embajadores que nos acompañan y los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que han querido participar en el evento.

Y como no podía ser de otro modo, este acto de apertura del evento se realiza conjuntamente con la inauguración de la exposición sobre “Las Reducciones jesuitas del Paraguay: una aventura fascinante que perdura en el tiempo”. Partir de las Reducciones y del testimonio de santos y mártires como Roque González de Santa Cruz es ir a las raíces de la patria paraguaya pero no aisladamente sino en el más vasto territorio de los pueblos hermanos de la Cuenca del Plata.

De las Reducciones Jesuitas del Paraguay se ha escrito: “parecían un triunfo de la humanidad”. ¿Quién las calificaba sintéticamente de tal modo? ¿Acaso un católico en euforia apologética? ¡No! Fueron palabras, nada menos, que de Voltaire, por lo general tan virulentamente agresivo contra la Iglesia católica. ¡Sí!, fueron un verdadero triunfo de humanidad, porque un puñado de jesuitas fueron capaces de poner a las tribus guaraníes en condiciones materiales, culturales y religiosas para afirmar y valorizar la propia humanidad. En el extraordinario laboratorio y fascinante experiencia de las Reducciones, evangelización y promoción humana se conjugaron indisociables, sin necesidad de muchas teorizaciones, sólo movidas por el amor a la vida y al destino de los pueblos indígenas. No hubo en todo el tiempo colonial experiencia semejante de educación e instrucción de los indígenas, de edificación de comunidades de personas y familias y de comunión de bienes, de formación técnica y cultivo de las artes, de crecimiento artesanal e industrial, de productividad en el trabajo agrícola, de participación de los indígenas en la organización de la vida colectiva y civil.

Si los jesuitas llegaron y comenzaron su obra en la vasta Cuenca del Plata a comienzos del 1.600, 25 años más tarde existían ya en el Guairá – entre las actuales provincias de San Pablo u Paraná – 13 reducciones con más de 100.000 indígenas. En su fase de estabilización y apogeo, hacia el 1.700, los pueblos misioneros del Alta Paraná y del Alto Uruguay eran ya 30 con unos 5.000 indígenas cada uno. Pero las Misiones del Paraguay no fueron sólo el “foco de desarrollo” más portentoso de la Cuenca del Plata. Sirvieron de centro de experimentación y guía a la fundación de una cadena de misiones en América del Sur: en los Llanos orientales de Colombia, en el Marañón, en los Llanos del Alta y Medio Amazonas, en los Llanos de Chiquitos al sureste de la Bolivia actual y en los Llanos de los Mjosos del noreste boliviano

¡Qué extraordinaria fuerza constructiva de la fe vivida, comunicada, compartida! No bastaba ni la protesta ni la denuncia contra la opresión sufrida por los indígenas; servía una compañía, una amistad, capaz de abrazar toda su vida - ¡todas las dimensiones de su vida! – y generar así una obra de alta calidad humana, las experiencias sorprendentes de una nueva civilización en ciernes.

Yo creo que se puede afirmar con muchas razones que la brutal expulsión de todos los jesuitas de los territorios sometidos a las coronas española y portuguesa y la consiguiente dispersión de los pueblos misioneros constituyó la destrucción de la más importante experiencia social de verdadero progreso en tierras del “Nuevo Mundo” y una de las causas más graves de su posterior atraso. Sin embargo, el pueblo paraguayo y los pueblos de la Cuenca del Plata, continúan en el tiempo ha quedar marcados por esta profunda experiencia. “Una aventura fascinante que perdura en el tiempo”, como bien dice el título de la exposición que podremos admirar aquí gracias a la amable disposición de los amigos del Meeting de Rímini y que quedará mejor ilustrada por la experiencia y reflexiones del Reverendo Padre Aldo Trento, quien, según me cuentan, intenta, ¡nada menos!, reactualizar la obra de las Reducciones en su misma parroquia, siendo, a la vez, un gran estudioso de las reducciones jesuita-guaraníticas.

Las misiones jesuíticas me traen a la memoria que tenemos hoy al primer jesuita como Sucesor de Pedro, que viene de aquellas tierras de la Cuenca del Plata y que nos llama hoy a ir hacia todas las periferias humanas, sociales y culturales para anunciar el Evangelio y desplegar la fuerza constructiva de la caridad.

Me congratulo, pues, con el Señor Embajador del Paraguay ante la Santa Sede, Sr. Esteban Kriskovic, por haber tenido esta oportuna e importante iniciativa que, ante conmemoraciones tan significativas, permite volver a las mejores raíces y renovar el compromiso por el servicio evangelizador y la construcción de condiciones de fraternidad y justicia en la vida de los pueblos.