Las reivindicaciones de la Santa Sede a la Cumbre Mundial de la Infancia

Una cita decisiva para el próximo mes de septiembre

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CIUDAD DEL VATICANO, 1 febrero 2001 (ZENIT.org).- Defensa de la vida, de la familia y compromiso real y exigente para erradicar la lacra de la pobreza entre los niños. Estas fueron las reivindicaciones que presentó esta mañana el «embajador» de Juan Pablo II ante el Comité de la ONU que prepara una importante cumbre mundial sobre la infancia.



El encuentro, que se celebrará en septiembre, tiene gran importancia, pues en él se redactará un documento en el que se revisará la Declaración Mundial sobre la Supervivencia, Protección y Desarrollo de los Niños, promulgada hace once años en la Cumbre Mundial para los Niños.

Un argumento, reconoció el arzobispo Renato Martino, observador permanente de la Santa Sede en el palacio de cristal de las Naciones Unidas de Nueva York, que la Iglesia sigue con sumo interés, por lo que prometió una participación intensa y dinámica de su delegación tanto en la fase preparatoria como en la celebración de la cumbre.

Por este motivo, ya desde ahora, el prelado puso sobre el tapete de la discusión tres argumentos que, según él son fundamentales, pues de hecho están presentes en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Convención de los Derechos de los Niños, así como en el plan de acción que surgió de la cumbre de la infancia hace once años.

Ante todo, mencionó «la promoción y protección del derecho a la vida, así como de la dignidad y derechos del niños, antes y después de su nacimiento».

En segundo lugar, el arzobispo consideró que la cumbre de la infancia de septiembre debe reconocer la familia como «la unidad básica de la sociedad» y «la primera responsable de educar y proteger a los niños desde la infancia hasta la adolescencia».

Por último, afirmó, el documento que debería aprobarse en septiembre por las delegaciones de los diferentes países «debe incluir fuertes pronunciamientos sobre el desarrollo sostenible, la condonación de la deuda y la erradicación de la pobreza».

Si la reunión no quiere quedarse en palabrería, añadió, debe discutir los «temas, que tocan de manera decisiva las vidas de los más de mil millones de niños del mundo, especialmente en lo que se refiere a salud, alimentación, alojamiento, paz, seguridad y estabilidad, oportunidades para la educación, y la promesa de un futuro mejor».