Las religiones, capaces de lo mejor y de lo peor, señala el cardenal Tauran

En un coloquio sobre enseñanza de las religiones 

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MONTAUBAN, Francia, martes 9 de junio de 2009 (ZENIT.org) - En las sociedades pluriculturales y plurireligiosas como las nuestras, "las religiones son capaces de lo mejor y de lo peor: pueden estar al servicio de un  proyecto saludable pero también de un proyecto de alienación". 

Lo afirmó el cardenal Jean-Louis Tauran, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso en un coloquio internacional sobre enseñanza de las religiones, celebrado en la localidad francesa de Montauban. 

Según informó "Radio Vaticano", el cardenal Tauran se refirió en su conferencia a todas las personas que dicen perpetrar acciones terroristas por motivos religiosos. 

Denunció que eso alimenta "la paradoja" de que "las religiones se perciban como peligrosas". 

Al hablar del islam, afirmó que "todo eso no se refiere al verdadero islam practicado por la gran mayoría de los fieles de esta religión". 

Actualmente, "la cuestión de Dios emerge de manera más fuerte que nunca", indicó el cardenal francés, y "asistimos a un retorno del hecho religioso, a un renacimiento de lo sagrado". 

"La religión se ha convertido en un factor capital en la vida cultural, política, económica y también en la enseñanza", en la formación de la persona, destacó. 

El cardenal Tauran señaló la importancia del "conocimiento serio de la propia tradición religiosa" para tener clara la propia identidad. 

También explicó que "la Iglesia está abierta al mundo" y consideró "el diálogo con los creyentes de otras confesiones como una fuente de enriquecimiento para todos". 

Pero advirtió que el diálogo interreligioso no significa decir que "todas las religiones enseñan más o menos la misma cosa". 

Significa, sobre todo, que "todas las personas que buscan a Dios tienen la misma dignidad", dijo. 

Es necesario "hacer todo lo posible para comprender el punto de vista del otro", destacó, y subrayó también la importancia de la dignidad de la persona y el carácter sagrado de la vida. 

El purpurado concluyó citando a Benedicto XVI para asegurar que "la búsqueda y el diálogo interreligioso no son una opción más sino una necesidad para nuestro tiempo".