Las sectas y la masonería, peligros denunciados por los obispos paraguayos

Carta pastoral con motivo del Año de la Fe

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ASUNCIÓN, 15 noviembre 2012 (ZENIT.org).- Los obispos paraguayos, con motivo del Año de la Fe, han escrito una carta pastoral con el título "El Año de la Fe renueva a las familias y a la Iglesia". Los obispos, reunidos en la 196 Asamblea Plenaria Ordinaria, se asocian "al júbilo de la Iglesia universal al acoger el Año de la Fe", propuesto por Benedicto XVI, y esperan que su reflexión, de "un gran impulso a la Nueva Evangelización, abundantes gracias y numerosas vocaciones a nuestra Iglesia al servicio del Pueblo de Dios".

La primera parte del documento se dedica a la realidad pastoral de Paraguay. Constatan que "la evangelización, con el anuncio de Jesucristo y la implantación de la Iglesia, con su rica expresión de fe y también de religiosidad popular, ha acompañado la vida de nuestro pueblo. La luz de la fe ha sido el faro potente que da unidad y sentido espiritual a la Nación Paraguaya, desde sus inicios hasta el presente".

Mencionan algunas experiencias que "van modelando la vida de las familias y de las comunidades" y que "son los aspectos esperanzadores de la fe manifestada en la vida cotidiana, con sus luces y sombras". "La Misión Continental Permanente con el programa misionero de visita casa por casa, está imprimiendo en las familias misioneras y en los sacerdotes un impacto espiritual impresionante", subrayan los prelados paraguayos.

No faltan, sin embargo, los obstáculos en la educación a la fe: "Los encontramos tanto al interior como al exterior de nuestra Iglesia", dicen. Entre estos señalan "el dolor de mucha gente defraudada por la justicia, agobiada por la pobreza y manipulada por la corrupción; sentimos su presencia en la familia de cada hogar paraguayo". Les preocupa "la debilidad de nuestra evangelización en la iniciación cristiana, debido a una catequesis superficial y muchas veces sólo para la recepción de los sacramentos, desunida de la liturgia comunitaria dominical y que debe crear la mentalidad de promover en la sociedad la justicia y la paz".

"Vemos --añaden- la fuerte tendencia, en muchos católicos, de la pereza espiritual que rechaza la educación en y a la fe, al demostrar poco interés en la formación doctrinal, integral y comunitaria a lo largo de toda la vida. "Una amenaza permanente --indican- es la separación entre fe y vida, puesto que se constata poca incidencia de la fe cristiana en el mejoramiento de nuestra realidad social, política y cultural".

Un serio problema es la escasez sacerdotal y que "un gran porcentaje de la población católica no participa en la celebración dominical, no accede a la lectura y meditación de la Sagrada Escritura, ni practica la oración familiar. Pocos son también los que se acercan al sacramento de la reconciliación frecuente".

"Las familias cristianas --denuncian- no pueden acceder a la educación religiosa de sus hijos en las instituciones públicas por un claro laicismo que discrimina a quienes así lo requieran. La separación entre Iglesia y Estado no es motivo para que la enseñanza religiosa de nuestras familias deje de cultivarse en los centros escolares estatales. Los padres de familia en sus Asociaciones educativas deberán plantear el derecho de la educación religiosa de sus hijos en centros públicos".

Entre otros obstáculos externos, notan también: el relativismo globalizado con mayor fuerza prescinde de Dios y combate la religión cristiana; corrupción, injusticia e impunidad en el mundo político, social y económico que "debilitan la fe y las ganas auténticas de trabajar por el Bien Común"; la ideología de género que "pretende destruir la ecología de la persona humana·; la presencia de sectas "que abundan cada vez más", y "son un peligro por desviar la fe católica". "Hay padres católicos que al enviar a sus hijos a las escuelas de iglesias separadas o de sectas, exponen a sus hijos a la pérdida de la fe católica. Por ello, los padres deben intensificar en el hogar la formación católica de esos hijos", afirman; "La masonería, al no reconocer la divinidad de Jesucristo, ofrece engañosamente un atractivo de filosofía mezclada con una filantropía que contradice la fe cristiana. Por tanto, ningún católico puede formar parte de la masonería", denuncian.

En la segunda parte del documento, dedicada al Año de la Fe, los prelados subrayan la importancia del Concilio Vaticano II, del Catecismo de la Iglesia Católica y algunas expresiones del Mensaje final de los Obispos en el Sínodo sobre la nueva evangelización para la transmisión de la fe. Instan "a todos los miembros de la Iglesia: sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, laicos y laicas a releer y estudiar esos documentos para sacar su savia trascendental para el bien de nuestra Iglesia aquí en el Paraguay".

En la tercera parte del documento se abordan las orientaciones para el Año de la fe. Los obispos afirman "la plena vigencia de la Misión Continental Permanente en nuestro país", animan a continuar "la atención pastoral a las familias, en este Trienio".

"Sepamos presentar imágenes evangelizadoras que realmente impacten, inspiren y alegren de una manera existencia, como san Roque González de Santa Cruz [ver: http://www.zenit.org/article-43621?l=spanish]y sus compañeros mártires, la vida ejemplar de Chiquitunga, del Pa´i Duarte Ortellado, monseñor Juan Sinforiano Bogarín, y de tantos otros grandes testigos de la fe en Cristo".

Como Conferencia Episcopal, se comprometen a difundir los documentos del Concilio Vaticano II, el Catecismo de la Iglesia Católica, en especial en su versión YOUCAT (para jóvenes), y el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Piden que en el Seminario Mayor Nacional el Catecismo de la Iglesia Católica "sea el punto de referencia para la enseñanza teológica, tanto en el Propedéutico como en los cursos del Instituto de Teología". Exhortan vivamente a que en la Universidad Católica, durante el Año de la Fe "tomen iniciativas para profesar la fe, estudiarla, celebrarla, anunciarla y purificarla, a la luz del tesoro que nos ha dejado el Concilio Vaticano II y en particular el Catecismo de la Iglesia Católica".

Estimulan a que las Escuelas Católicas, en el diálogo intercultural preserven la identidad católica; exhortan a los fieles a conocer ampliamente esta Carta Pastoral de la CEP; piden suma atención a la iniciación cristiana mediante la catequesis en las parroquias y promover el estudio y la difusión de la fe mediante los documentos eclesiales arriba mencionados, junto con los varios subsidios destinados a las familias, en apoyo de su vocación de "pequeñas iglesias domésticas" y semilleros de vocaciones consagradas y sacerdotales.

Piden dar máxima importancia al domingo y organizar celebraciones especiales por el Año de la Fe, favoreciendo de modo particular, el sacramento de la Reconciliación y, en el Trienio de la familia, el sacramento del Matrimonio.

Los movimientos laicales, junto con los pastores, "sean protagonistas contribuyendo con sus carismas al testimonio, la difusión, la defensa de la fe y la comunión eclesial". Sugieren a las autoridades, políticos y empresarios católicos a "aunar esfuerzos para promover el desarrollo integral, la seguridad nacional y la solución de la inequidad social".

Se auguran que los jóvenes, que constituyen la fuerza dinamizadora de la Iglesia, "sean constructores y forjadores de las comunidades juveniles y transmisores de la fe a otros jóvenes, con el entusiasmo de la esperanza y la alegría del amor que les caracterizan".

Y concluyen: "La finalidad de la Nueva Evangelización es la transmisión de la fe con creatividad y audacia evangélica. Esto requiere de una nueva sensibilidad en nuestra labor pastoral para interpretar la voluntad de Dios manifestada en los signos de los tiempos y asistir a las personas, familias, instituciones y sectores de nuestra sociedad paraguaya que se han ido debilitando en su vivencia de fe por algún motivo, razón o circunstancia".

"Somos conscientes de que con Aparecida la Iglesia toma su rumbo original, que consiste en formar discípulos y misioneros de Cristo, condición esencial para volverse 'sal de la tierra y luz del mundo' (cf. Mt 5, 13-16). Los hombres deben descubrir a través de cada uno de los bautizados la luz de Cristo que da plenitud y claridad de vida. Retomemos el ecumenismo recomendado por el Concilio Vaticano II y el documento de Aparecida".

"Necesitamos --afirman- de la Nueva Evangelización para que 'nuestros pueblos tengan vida en Él'". Y se encomiendan a la intercesión de "nuestros santos Roque González de Santa Cruz y Compañeros Mártires, como también a la protección y bendición de la Virgen de Caacupé, Madre y Señora de nuestro pueblo".

Para acceder al documento completo: http://www.episcopal.org.py/.