Las tinieblas se vencen con la luz, no con armas; afirma el Papa

Mensaje al encuentro de líderes religiosos celebrado Sicilia

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CIUDAD DEL VATICANO, 2 septiembre 2002 (ZENIT.org).- Favorecer «el diálogo y la comprensión mutua» entre creyentes de diferentes religiones y culturas es la petición lanzada por Juan Pablo II en un mensaje enviado a una reunión de líderes de las religiones del mundo que se celebra en Sicilia.



Se trata del encuentro «Hombres y Religiones», organizado del 1 al 3 de septiembre por la Comunidad de San Egidio en Palermo, en el que participan más de 400 líderes religiosos de las diferentes confesiones para afrontar el tema «Religiones y culturas entre conflicto y diálogo» tras los atentados contra Nueva York y Washington.

El Papa recuerda a los participantes el primer encuentro de líderes religiosos, que él mismo convocó en Asís, en 1986, y que «marcó el inicio de una nueva manera de encontrarse entre creyentes de diferentes religiones».

El encuentro entre los creyentes, aclara, no debe tener lugar «en la mutua contraposición y menos en el mutuo desprecio», añade, «sino en la búsqueda de un constructivo diálogo en el que, sin caer en el relativismo ni en el sincretismo, cada uno se abra a los demás con estima, siendo todos conscientes de que Dios es la fuente de la paz».

«En nuestro tiempo --sigue diciendo el mensaje pontificio--, vivir este espíritu es todavía más necesario».

Por este motivo, en enero pasado, tras los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre, Juan Pablo II recuerda que volvió a convocar la Jornada mundial de líderes religiosos por la paz en Asís para afirmar ante el mundo que «las tinieblas no se disipan con las armas, se alejan encendiendo faros de luz».

El Santo Padre desea que el encuentro de Palermo pueda encender «de nuevo» faros de luz «en toda el área del Mediterráneo» y en particular en Tierra Santa, «precipitada en una espiral que parecería de violencia imparable».

«Además de los dolorosos conflictos, ¡cuántos pueblos están oprimidos por el hambre y la pobreza, especialmente en África, continente que parece encarnar el desequilibrio existente entre el norte y el sur del planeta!», exclama el Papa al concluir su mensaje.

«¡Que se eleve desde Palermo un nuevo llamamiento para que todos, responsablemente, se comprometan en la justicia y en la auténtica solidaridad!», desea.