Las universidades católicas deben prestar más atención a la doctrina social

Reivindicación de una Conferencia internacional convocada por el Vaticano

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 17 noviembre 2006 (ZENIT.org).- Las Universidades católicas deben prestar en todas sus disciplinas más atención a la doctrina social para que el Evangelio penetre cada vez más en el tejido social, defendiendo y promoviendo la dignidad humana, el bien común, la solidaridad, la justicia y la paz, ha afirmado este viernes una Conferencia internacional convocada por la Santa Sede.



Así lo ha constatado la jornada inaugura de la Conferencia «Universidad y doctrina social», celebrada en un hotel de Roma, con el patrocinio de la Congregación para la Educación Católica y del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, en la que participan más de 150 representantes de universidades católicas de los cinco continentes.

En el discurso de inauguración, el cardenal Renato R. Martino, presidente del Consejo para la Justicia y la Paz, propuso que las universidades católicas presten mayor atención a la doctrina social de la Iglesia para fundamentar la promoción común de un humanismo integral y solidario.

El purpurado italiano consideró que de este modo «la luz del Evangelio, que es al mismo tiempo luz de caridad e inteligencia» puede fecundar «el saber humano y, en la legítima autonomía de los métodos y lenguajes y sin perder nunca de vista la necesaria unidad del saber, animar también la construcción de una convivencia social de justicia y de paz».

Por su parte, el cardenal polaco Zenon Grocholewski, prefecto de la Congregación para le Educación Católica, subrayó la necesidad de que la doctrina social de la Iglesia no se enseñe sólo como una materia aislada, sino que penetre en las diferentes materias impartidas por las universidades católicas.

En su intervención el cardenal Camilo Ruini, vicario del Papa para la ciudad de Roma, reconoció que el reconocimiento de la dignidad de la persona humana necesita en estos momentos «ante todo un empuje del mundo del cristianismo, para el cual todo el que tenga un rostro humano posee como tal la dignidad y el destino del ser humano, criatura a imagen y semejanza de Dios».