Las víctimas del terrorismo y la violencia en la oración del Papa de septiembre

La intención misionera es por los cristianos de Asia Central

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CIUDAD DEL VATICANO, 2 septiembre 2003 (ZENIT.org).- Juan Pablo II rezará de manera particular durante este mes de septiembre por las víctimas del terrorismo y la violencia, así como por las comunidades cristianas de Asia Central.



Cada mes, el Santo Padre ofrece sus oraciones y sacrificios por una intención específica, hecha pública por el Apostolado de la Oración

La intención escogida para el mes de septiembre es: «Por los países que sufren a causa de la guerra, el terrorismo y la violencia, para que encuentren el camino de la reconciliación, la concordia y la paz».

Todos los meses el Papa tiene, además, una intención de oración misionera. En esta ocasión será: «Por las comunidades cristianas de Asia central, que viven entre personas de otras tradiciones religiosas, para que se comprometan a difundir la buena nueva del Reino con el testimonio práctico de su fe».

Formada por Kazajstán, Tayikistán, Kirguizistán, Turkmenistán y Uzbekistán esta enorme área del planeta (unos 4 millones de kilómetros cuadrados), tiene una población de 49 millones de personas, en un 83% musulmanes, con minorías de ortodoxos, católicos y protestantes.

Tras la caída de la Unión Soviética, las comunidades católicas han podido renacer y el pasado mes de mayo el Papa pudo erigir dos nuevas diócesis en Kazajstán, el país de esta zona con el mayor número de católicos. En los demás países, la Iglesia católica está representada por misiones «sui iuris».

En un comentario realizado a la intención misionera del Papa, monseñor Tadeusz Kondrusiewicz, arzobispo metropolitano de la Madre de Dios en Moscú, se pregunta en un mensaje enviado con este motivo a la agencia misionera de la Santa Sede Fides: «¿Qué podrán hacer, siendo una minoría, las comunidades cristianas del Asia Central para instaurar el Reino de Dios y su confirmación?».

«En una sociedad que ha recibido como herencia del régimen ateo una gran cantidad de problemas ligados tanto a la indiferencia como a la difícil situación social, es importantísimo el ejemplo viviente de vida cristiana», responde.

«Para hombres que no conocen la Buena Nueva, que no creen o pertenecen a religiones no cristianas, los cristianos que viven en el espíritu del Evangelio se convierten en páginas vivientes y en testimonios auténticos», aclara.

«El amor gratuito, junto al testimonio cristiano, rompe las barreras de la incredulidad, es una fuerza creadora en la formación de la única familia de los hijos de Dios: su Reino», concluye el arzobispo.