Liberar del hambre es una expresión del derecho a la vida; dice el Papa

En un mensaje enviado con motivo de la Jornada del hambre en el mundo

| 461 hits

CIUDAD DEL VATICANO, 17 octubre 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II afirma que liberar al hombre y la mujer del hambre constituye una expresión del derecho a la vida y del respeto a la dignidad humana.



El Papa presenta su reivindicación en un mensaje hecho público este jueves por la Santa Sede dirigido al director general del Fondo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Jacques Diouf con motivo de la Jornada contra el hambre (16 de octubre).

El pontífice comienza ante todo recordando los compromisos del la Cumbre Mundial contra el Hambre, celebrada en Roma del 10 al 13 de junio de 2002.

En este sentido, recuerda: «garantizar la básica libertad del hambre y el acceso a comida sana son expresiones primordiales del derecho a la vida y del respeto de la dignidad humana que son proclamadas solemnemente con demasiada frecuencia, pero siguen quedando todavía lejos de la realidad».

«De hecho --denuncia el Papa--, mientras los logros humanos ofrecen la posibilidad de un futuro que responda mejor a las necesidades humanas, el mundo permanece trágicamente dividido entre los que viven en la abundancia y los que carecen incluso de los esencial para su sustento cotidiano».

«Esta situación --sigue diciendo-- constituye uno de los obstáculos más obvios para la construcción de una sociedad digna de la humanidad, un mundo que sea auténticamente humano y fraterno».

A continuación, Juan Pablo II analiza el tema de la Jornada mundial de lucha contra el hambre del año 2002 --«El agua, manantial de la seguridad alimentaria»-- y pide a la comunidad internacional y a las agencias de la ONU intervenir de manera «más efectiva y visible» en este área.

«En estos esfuerzos --asegura--, el objetivo primario de la comunidad internacional debe ser el bienestar de estas personas --hombres, mujeres, niños, familias, comunidades-- que viven en las partes más pobres del mundo y que por tanto sufren a causa de todo tipo de carestía o del mal uso de los manantiales de agua».

«Todos somos conscientes de que sin atención a los principios fundamentales del orden ético y moral, principios arraigados en el corazón y las conciencias de cada ser humanos, este objetivo no puede ser alcanzado», reconoce.

«De hecho --aclara--, el orden de la creación y su delicada armonía están en peligro o están irremediablemente comprometidos»

«En otras palabras, las soluciones técnicas, independientemente de lo desarrolladas que estén, no son de ayuda si no tienen en cuenta el carácter central de la persona humana, que en sus dimensiones espirituales y humanas es la medida de todos los derechos y, por tanto, debe ser el criterio orientador de los programas y las políticas», aclara Juan Pablo II.

«El primer paso en este esfuerzo debe ser el de volver a alcanzar un balance sostenible entre consumo y recursos disponibles», concluye.