Libertad religiosa: «indispensable» para evitar guerras de civilización

Mensaje del Papa para la Jornada mundial de las migraciones 2002

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CIUDAD DEL VATICANO, 18 octubre 2001 (ZENIT.org).- El respeto absoluto de la libertad de religión es una condición «indispensable» para evitar enfrentamientos entre las civilizaciones, afirma Juan Pablo II con motivo de la Jornada mundial del emigrante y refugiado del año 2000.



La Iglesia católica recordará este día, en fechas diferentes, según establecen los obispos de los diferentes países, con el lema «Migraciones y diálogo interreligioso».

Es «indispensable» que toda persona, «independientemente de la religión a la que pertenezca», afirma el Papa en un mensaje que ha escrito con motivo de esta Jornada, «tenga en cuenta las inalienables exigencias de la libertad religiosa y de conciencia», así como la «aceptación recíproca de las diferencias».

«Este es el único camino para alimentar la esperanza y alejar el espectro de las guerras de religión, que han regado de sangre tantos períodos de la historia de la humanidad --dice el mensaje pontificio-- y que han obligado con frecuencia a muchas personas a abandonar sus países».

«Es urgente --añade-- trabajar para que el nombre del único Dios se convierta en lo que es, aún más, "un nombre de paz y un llamado a la paz».

En el mensaje, que fue publicado este jueves por la Sala de Prensa de la Santa Sede, el pontífice defiende la dignidad de los millones de inmigrantes esparcidos por el mundo y pide, en particular, el respeto de la libertad de religión para los cristianos que viven en países de mayoría musulmana.

En este sentido, invita a superar prejuicios entre los creyentes de las diferentes religiones para construir una convivencia basada en el respeto y la amistad.

Por último, el mensaje pontificio exige a las parroquias, a las comunidades y a cada cristiano en particular salir en ayuda de todos los emigrantes y refugiados. Ahora bien, aclara que este deber «no puede limitarse a la mera distribución de ayuda humanitaria».

Además, añade, el cristiano debe «compartir con aquellos a los que da la bienvenida el don de la revelación de Dios, que es Amor».

Al presentar el texto del Papa a la prensa, el presidente del Consejo Pontificio para los Emigrantes, el arzobispo Stephen Fumio Hamao, reconoció que cuando el pontífice escogió el tema no habían tenido lugar todavía los atentados del pasado 11 de septiembre.

«Sin embargo --explicó el prelado japonés--, me parece que el tema del Mensaje pontificio para la Jornada del año 2002 es más actual que nunca, precisamente para responder a la invocación de paz que hoy sale de los labios y de los corazones de las personas inocentes, que no desean más que vivir en libertad una vida digna de personas humanas, hijas de un único Padre y hermanos y hermanas entre sí».