Líderes cristianos se unen al encuentro de jóvenes convocado por Taizé en Zagreb

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TAIZÉ, viernes, 22 diciembre 2006 (ZENIT.org).- Algunos de los representantes más destacados del cristianismo se han unido con un mensaje a los 40.000 jóvenes que se congregarán del 28 de diciembre al 1 de enero en un encuentro de oración convocado por la comunidad de Taizé.



Además de la misiva de Benedicto XVI (Cf. Zenit, 21 de diciembre de 2006), la comunidad ecuménica ha recibido los mensajes, entre otros, del patriarca ecuménico de Constantinopla, Bartolomé I; del patriarca de Moscú y de todas las Rusias, del primado de la Comunión Anglicana, arzobispo de Canterbury, doctor Rowan Williams.

En su mensaje, Bartolomé I de Constantinopla reconoce su alegría al constatar que «aun viviendo en medio de una sociedad a veces alejada del Señor, busquéis dirigiros hacia el Reino de los Cielos, con la Palabra de Dios como guía capaz de transfiguraros».

Comentando la «Carta de Calcuta» escrita por el hermano Alois Loser, prior de la Comunidad, que sirve de tema para el encuentro de fin de año, el patriarca añade: «sí, la unidad universal de los seres humanos es irrefutable, pues nuestra existencia lleva las marcas del Dios de la creación».

«Pero, debido a la distancia entre nuestro deseo y nuestras acciones, debemos también luchar para que nuestro ser interior sea renovado por medio de las ayudas que nuestro Señor nos ha dado y que se conservan en la Iglesia: la oración, el estudio de la palabra de Dios, la vida sacramental, la conformidad de toda nuestra existencia al Evangelio».

«Con la confianza de que, enriquecidos espiritualmente, renovéis vuestra fidelidad al Señor al regresar a vuestros hogares, y, de acuerdo con vuestras posibilidades hagáis brillar en nuestro mundo el ideal del Evangelio, os aseguro mis oraciones y bendiciones, deseando que lleguéis a ser iconos vivientes, imágenes de Cristo, verdaderos hijos e hijas del Dios Uno y Trino, bendecidos, llenos de esperanza y amados», concluye.

Por su parte, el patriarca ortodoxo Alejo II, invita a los muchachos a ver la vida «como una peregrinación, emprendida con confianza en Dios. Esforcémonos por recordar qué breve es el camino de esta vida terrena».

Ahora bien, aclara, «la conciencia de que somos extranjeros en la tierra no implica de ningún modo pesimismo o un sentimiento de desesperación. Nosotros los cristianos estamos convencidos de que nuestro viaje terrenal no conduce hacia la nada, sino a una vida nueva y eterna».

«Debemos siempre recordar que orientarnos hacia el dinero, el éxito, la comodidad y el placer nos quita el sentido de la vida. Ese camino parece atractivo, pero conduce inevitablemente a un callejón sin salida. Invitad más bien a las personas de vuestra edad a confiar sus vidas a Dios; sólo Él puede darnos la plenitud y el gozo de vivir».

«El camino hacia Dios no es fácil y requiere sacrificios y duro trabajo --añade el patriarca ruso--. Pero sólo esta vida es digna de seres humanos, esas prodigiosas criaturas de Dios. Sólo este camino conduce hacia el Creador en quien nuestras almas encuentran paz. Con vistas a esta verdadera paz, merece la pena dejar de lado nuestras preocupaciones mundanas y aceptar la carga ligera de Cristo».

El arzobispo Rowan Williams considera que una «peregrinación de confianza», como la denomina Taizé, «representa una de las necesidades más urgentes de nuestro tiempo».

«En todas partes parece que crece la sospecha entre comunidades de fe y razas o naciones, animada por aquellos que viven en el miedo o están enamorados del poder».

«En sociedades desarrolladas, se contempla con mucho cinismo a todas las autoridades y a todos los ideales. Necesitamos confianza como necesitamos aire fresco; y nuestro mundo se está quedando sin aliento y sin aire por la sospecha, la duda y la desesperación».

«El Espíritu de Dios, el Santo Aliento de Dios, es lo que necesitamos para vernos unos a otros con una mirada nueva y confiada», afirma el líder anglicano.

El doctor Williams espera que el encuentro de Zagreb «sea una ocasión para tomar aliento, para encontrar un espacio en el que podáis renovar vuestra visión y un tiempo para reunir la determinación necesaria para el trabajo que nos espera de construir una verdadera comunidad de seres humanos, una comunidad sin muros en la que estemos al servicio unos de otros y seamos alimentados unos por otros, al atrevernos a confiar en el otro y en nuestro Creador y Salvador, nuestro Dios fiel, que nos ama».