Literatura, arte, música y cine: «escuelas de vida»

En el 2º curso de «Experto universitario en creatividad y valores»

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MADRID, miércoles, 16 enero 2008 (ZENIT.org).- Sin apenas medios, es posible lograr grandes éxitos sólo con una sensibilidad fina para los grandes valores: así lo descubren e intentan transmitir los alumnos de la «Escuela de pensamiento y creatividad».   

Hace poco más de un año, esta Escuela inició en Internet la formación de «Expertos universitarios en creatividad y valores» con un método que ya se ha mostrado -en su modalidad presencial- eficaz en diversos países.  

Se estructura en tres cursos, abiertos a todos los interesados. En la web www.escueladepensamientoycreatividad.org se presenta el programa y el equipo docente, se atienden peticiones de becas y se formalizan las inscripciones.  

Al final de cada curso el alumno recibe un certificado oficial. Si quiere obtener, al terminar los tres cursos, el título de «Experto universitario en creatividad y valores» -expedido por una universidad y por la «Escuela de Pensamiento y Creatividad»-, ha de poseer un título académico que le permita acceder en su país a los estudios universitarios.  

Catedrático emérito de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, miembro de la Real Academia Española de Ciencias Morales y Políticas y de «L´académie internationale de l´art» (Suiza), el profesor Alfonso López Quintás -sacerdote de la Orden de la Merced- es fundador del proyecto formativo «Escuela de Pensamiento y Creatividad» -difundido en España e Iberoamérica-.

En las 45 obras que ha publicado sobre temas de filosofía, pedagogía, creatividad y arte intenta promover la capacidad creativa del ser humano a fin de lograr un desarrollo pleno de su personalidad. Apunta su experiencia en esta entrevista concedida a Zenit.

--Transcurrido un año del lanzamiento de esta formación on line, ¿puede apuntar un primer balance? ¿Está satisfecho con la iniciativa? 

--Profesor López Quintás: Mucho. El primer curso lo están realizando actualmente un centenar de inscritos de diversos países, desde España hasta la Patagonia argentina. Más de veinte han terminado ya, con gran aprovechamiento, y están ahora navegando a toda vela en el curso segundo. Uno de esos alumnos -un psicólogo en ejercicio- dice que este curso le «ha cambiado la vida».

--¿Pensamiento y creatividad son aspectos de la vida poco cultivados? ¿Hay que tomar más conciencia de ellos?

--Profesor López Quintás: Es necesario aprender el arte de pensar y vivir creativamente. Ambos aspectos son complementarios. Cuando descubrimos las posibilidades que nos ofrece la vida diaria para ser creativos, nos cambia evidentemente la forma de ver la vida y de orientarla.  

Por ejemplo, una madre que amamanta con ternura a su hijo presenta una admirable creatividad por el hecho decisivo de que colabora a crear esa trama de afecto y tutela que, según conocidos investigadores, necesita el bebé para desarrollarse normalmente como persona.  

--La Teoría de los niveles de realidad, presente en sus escritos y en el primer curso, ¿qué aplicación práctica tiene?

--Profesor López Quintás: Creo que aporta mucha luz. Es una especie de mapa de la vida personal que nos permite situar rápidamente dónde nos encontramos y adónde tenemos que llegar. Un empresario joven me dijo un día, tras oírme en una conferencia: «He visto muy claro que mi vida es brillante, pero se desarrolla casi exclusivamente en el nivel 1 -el del manejo y disfrute de objetos-. Esto me permite comprender que mi gran éxito no vaya unido con la deseada felicidad. No voy a parar hasta subir, con toda mi empresa, al nivel 2» -el de la creatividad y el encuentro, el de las actitudes de respeto, estima y colaboración creativa-. Realmente, el conocimiento de los niveles nos aclara mil detalles de la vida.

--En el segundo curso se propone aprender a ser creativo en las actividades diarias....

--Profesor López Quintás: Las ideas que he apuntado se enriquecen notablemente, en esta fase, a través del análisis de obras literarias, cinematográficas y artísticas. La metamorfosis, de Kafka, nos impresiona al poner ante nuestros ojos el drama de un buen hombre que se ve convertido por la familia en un «medio para sostenerse económicamente» y no sabe convertir la rutina diaria en una fuente de posibilidades creativas. Por eso acaba viéndose como un «vil insecto» y sucumbe. En Yerma, de García Lorca, el marido -Juan- es buena persona, pero no creativo; se mueve en el nivel 1 -el cuidado del campo y el ganado-, pero no trata a su esposa Yerma de la forma «creativa» que ella anhela. Sin querer, la asfixia espiritualmente y ella acaba asfixiándolo físicamente para poner fin a la vida en común, que se le antojaba una farsa. Al captar el «tema» de las obras a través del «argumento», convertimos cada obra de calidad en una escuela de vida.

--El cine también, con su fuerte realismo, puede convertirse en escuela de vida...

--Profesor López Quintás: Ciertamente. En la bella película Los chicos del coro, un músico desempleado llega al centro de menores sin saber qué le espera en su nuevo cargo de vigilante de un grupo de alumnos conflictivos. Seguramente sabe muy poco de pedagogía y métodos educativos; se limita a elevar a los chicos a un nivel de pura bondad -con su conducta- y de pura belleza -con los cantos que compone y les enseña-. De este modo los eleva a los niveles 2 y 3; con ello los transforma y les permite vislumbrar lo que significa la felicidad humana. Anteriormente, el centro estaba regido exclusivamente por el lema «acción-reacción», propio del nivel 1 y de otros niveles inferiores, en los que no hay la menor creatividad y, por tanto, ninguna posibilidad de formación humana auténtica. Al confrontar ambos métodos, la película nos da una magnífica lección: nos muestra la posibilidad de lograr grandes éxitos sin apenas medios, sólo con una sensibilidad fina para los grandes valores: la bondad, el amor, la justicia, la belleza... 

--Y la música, ¿qué valores subraya?

--Profesor López Quintás: Además de ser una nobilísima fuente de agrado y distracción, la música -bien comprendida y vivida- tiene una capacidad formativa insospechada. Podemos decir, con todo fundamento, que la música, cuando la oímos con intensidad creativa y, sobre todo, cuando la interpretamos, nos hace más inteligentes, porque nos ayuda a dar a nuestra inteligencia las tres condiciones propias de la madurez: largo alcance, amplitud y hondura.

En virtud de esa madurez, la música nos enseña a armonizar la independencia y la solidaridad. Contemplemos a un buen coro. Las voces actúan con total independencia entre sí. Miran fijamente al director, que encarna para ellos la obra. Parece que los cantores son indiferentes a la suerte de los demás, pero en realidad vibran con todos; acompasan su ritmo y la intensidad de la voz, porque miran juntos en una misma dirección. En el nivel 2 -el de la creatividad- se superan ciertas paradojas: los cantores son tanto más independientes cuanto más solidarios. «Independiente» no significa aquí «indiferente», sino decidido, fiel a una tarea, eficaz en la persecución de una meta, que, en este caso, consiste en dar vida conjuntamente a una obra. Además, la música de calidad nos eleva al nivel 3, el nivel de la pura belleza, como resalta en la película Camino al paraíso.

--Dada la preocupación actual en varios países por elaborar planes de estudio eficaces -en las tres fases de la educación-, ¿en qué puede ayudar un método como el que se aplica en estos Cursos?

--Profesor López Quintás: Sé por experiencia que lo más eficaz para formar en ética a los niños y jóvenes no es tanto «enseñarles» contenidos cuanto «ayudarles a descubrirlos». Ese descubrimiento se da cuando uno adopta una actitud creativa ante la vida, y ésta pertenece al nivel 2. Por eso es indispensable ayudar a los alumnos a subir a los niveles 2 y 3 antes de empezar a proponerles el estudio de los grandes temas de la ética, de la formación humana profunda. Desde un nivel inferior no se puede entender nada de lo que ocurre en un nivel superior. Perdemos el tiempo los educadores cuando hablamos de cuestiones propias del nivel 2 (en áreas como la estética, la ética, la religión...) a alumnos que se mueven predominantemente en el nivel 1.

Tener esto en cuenta supone un cambio increíblemente fecundo en la pedagogía de la enseñanza. Se comprende que, cuando realizan este cambio, los alumnos sientan que «les cambia la vida». Y es que no se trata de una mera enseñanza «intelectual», sino «personal», por lo tanto intelectual, emocional y creativa a la vez.

Por Marta Lago