«Llamamiento a la paz» de representantes religiosos y culturales en Milán

En el encuentro convocado por la Comunidad de San Egidio y la archidiócesis de Milán

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MILÁN, miércoles, 8 septiembre 2004 (ZENIT.org).- Publicamos el «Llamamiento a la paz» con el que concluyó el encuentro «Hombres y religiones» que se celebró en Milán del 5 al 7 de septiembre por iniciativa de la Comunidad de San Egidio y de la archidiócesis de Milán.



Llamamiento a la paz



Hombres y mujeres de religiones diferentes, de sesenta países del mundo, reunidos en Milán para invocar el gran don de la paz, hemos penetrado en lo profundo de nuestras tradiciones religiosas, hemos mirado con compasión a las heridas del mundo en que vivimos, de los pueblos y de los pequeños. Hemos escuchado la oración de todos los que piden globalizar la solidaridad, trabajar por un futuro vivible, especialmente por los niños y los ancianos, por Europa, África, Oriente Medio, las Américas, Asia, todos los continentes. Hemos escuchado las oraciones de quien pide no morir de sida, de hambre, de sed, de guerra, o a causa del terrorismo. Hemos rezado y descubierto una vez más la fuerza insustituible de la oración.

Nuestro mundo parece haber olvidado que la vida humana es sagrada. Pero Dios está junto a cada víctima de la violencia y desea el fin de la violencia que se apropia de corazones y acciones. Dios tiene comprensión de quien sufre a causa de la guerra, de quien está desesperado. Dios mismo indica hoy un nuevo camino que hay que recorrer con valentía.

El nombre de Dios es paz. Y quien usa el santo nombre de Dios para bendecir la guerra y el terrorismo maldice también la causa por la que lucha y se aleja de Dios.

La oración, la escucha, el diálogo, también en estos días de dolor para el mundo, nos han enseñado a ver más allá de la resignación y del miedo que experimentan hoy muchos corazones.

Desde lo hondo de nuestras tradiciones religiosas, hemos comprendido, de manera más profundo todavía, que con el miedo, con el terrorismo y con la guerra, el género humano corre el riesgo de la autodestrucción. De este modo, todo ser humano se entrega a ese mal que querría combatir.

Quien usa la violencia desacredita su propia causa. Quien cree que sólo una violencia más grande es la respuesta al daño sufrido no ve las montañas de odio que contribuye a crear y que pesan también sobre las generaciones de los hijos. Un mundo sin guerra y sin terror es posible.

Ahora es el tiempo de tener valentía para vivir un nuevo humanismo, que ayuda a dominar el miedo y que permite construir ya desde ahora el mundo que necesitamos. Este valor se alimenta con la fe, la fe fundamenta de manera sagrada el valor de la persona humana y la une a un mundo en el que existen los demás. Por este motivo creemos en la necesidad de continuar con el diálogo. El diálogo es el camino que da un futuro al mundo, pues permite vivir juntos. El diálogo no deja indefensos: protege. Lleva a todos a ver lo mejor del otro y a apoyarse en lo mejor de sí. El diálogo hace del extraño un amigo y libera del demonio de la violencia. El diálogo es el arte de los valientes que cura las heridas de la división y regenera profundamente nuestra vida.

La violencia es un fracaso para todos. El arte del diálogo vacía, con el pasar del tiempo, incluso las razones de terror y quita terreno a la injusticia, que genera resentimiento y violencia.

Desde Milán pedimos ante todo a nosotros mismos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que vivan la valentía de un nuevo humanismo, fundado en sus respectivos credos religiosos. Es el único camino que vemos para construir un mundo de paz.

Que Dios conceda finalmente a nuestro tiempo el maravilloso don de la paz.

Milán, 7 de septiembre de 2004

[Traducción del original italiano realizada por Zenit]