Llamamiento de la Santa Sede al desarme

Exige aplicar el Tratado de No Proliferación Nuclear

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VIENA, martes, 22 mayo 2007 (ZENIT.org).- El desarme y la no proliferación nuclear pueden convertirse en dos aliadas de la lucha por la promoción de la paz entre naciones, considera la Santa Sede.



Lo afirmó monseñor Michael Banach, observador permanente del Vaticano ante las instituciones de las Naciones Unidas en Viena, en el encuentro preparatorio de la Conferencia para la Revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear, prevista para el año 2010 en Nueva York, concluido el pasado 11 de mayo.

El Tratado de No Proliferación Nuclear se convirtió en ley internacional en 1970. Durante un largo período de tiempo, había cinco países con armas nucleares: Estados Unidos, Reino Unido, Unión Soviética, Francia y China. Más tarde, India, Israel y Pakistán desarrollaron armas nucleares y se han convertido en los únicos países que no han ratificado el Tratado.

En su intervención, monseñor Banach subrayó que el resultado de la última Conferencia de Revisión 2005, que se celebró en Nueva York, fue «menos que satisfactoria», pues «no fue posible adoptar un documento de consenso esencial a causa de las diferencias que se dieron dentro de la comunidad internacional».

En nombre de la delegación vaticana, el prelado propuso por tanto tres áreas de reflexión.

«Un primer elemento», dijo, «es el reconocimiento de los íntimos lazos que se dan entre desarme nuclear y no proliferación nuclear».

«Son interdependientes y se refuerza recíprocamente y su aplicación transparente y responsable representa uno de los instrumentos principales no sólo en la lucha contra el terrorismo nuclear, sino también en la realización concreta de una cultura de la vida y de la paz capaz de promover de manera eficaz el desarrollo integral de los pueblos».

«Un segundo elemento de reflexión es la necesidad de crear, dentro de este foro, un clima de confianza y de cooperación real», dijo el representante vaticano, evitando que «los intereses individuales prevalgan sobre la seguridad colectiva», pues esto podría fragilizar las estructuras y acuerdos que promueven el desarme y la no proliferación.

El tercer punto de reflexión expuesto por el prelado fue «la necesidad de aumentar la conciencia dentro de la comunidad internacional para que sea más ambiciosa a la hora de hacer que el Tratado de No Proliferación Nuclear se convierta en un instrumento adecuado en la promoción de la paz y de la seguridad internacional», continuó.

El prelado concluyó constatando que «los fundamentos de la paz se construyen sobre el respeto por la vida humana y la primacía de la ley. El principal objetivo de la ley es, de hecho, sustituir la fuerza de las armas con la fuerza de la ley».