Llamamiento del obispo de Rumbek por los refugiados sudaneses

Cientos de miles de personas huyen del régimen islámico de Jartúm

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ROMA, miércoles 1 de junio de 2011 (ZENIT.org).- “Alrededor de 300.000 prófugos están en fuga desde Sudán, donde existe un gobierno islámico. Están llegando al nuevo Estado del Sur de Sudán y se necesita alimento, medicamentos, pero también plástico para que se puedan cubrir en el inicio de la estación de las lluvias”.

Éste ha sido el llamamiento de monseñor Cesare Mazzolari, obispo de Rumbek en Sudán del Sur, en la conferencia de prensa celebrada en Radio Vaticano, con la presencia del portavoz vaticano Federico Lombardi.

El obispo recordó que Juan Pablo II le dijo: “Cesare, te mando a una tierra donde existe una guerra injusta, y por tanto tienes que intentar cuidar de esta gente”. Por tanto pidió con decisión: “En obediencia a Juan Pablo II pido a la comunidad internacional que envíe ayuda”.

Mientras en Libia, Costa de Marfil y otros lugares suenan las armas, Sudán del Sur, gracias a un tratado de paz firmado en 2005, convocó un referéndum en el que participó masivamente la población y eligió la independencia, que será proclamada el 9 de julio en Juba, su nueva capital, con la presencia de representantes de más de 80 países.

El Sur de Sudán, el 54º estado africano, oficializará por tanto la separación del régimen islámico del Norte, que ahora amenaza con implantar la sharia como fuente constitucional mientras amenaza y provoca al nuevo Estado, llegando en estos días pasados hasta la ocupación militar de la ciudad de Abyei, área petrolífera disputada entre Sudán y Sudán del Sur.

La guerra civil duró 23 años y costó 2 millones de vidas humanas, y ahora este referéndum, en el que han participado 3,8 millones de votantes con más del 98% a favor de la independencia, significa una nueva experiencia para África.

“Ahora hay que trabajar por la unidad y la integración, ayudar a los desplazados, pero también preocuparse por la Iglesia del Sudán, donde se teme que el Gobierno de Jartúm no renueve los visados a los misioneros, retire los fondos para las ayudas, expropie las escuelas y los centros cristianos”, recordó el obispo.

La nunciatura apostólica permanecerá en Jartúm con una sola Conferencia episcopal, mientras en cambio se desea que Italia abra una embajada en Juba, que facilite la llegada de otras personas y empresarios. “La Universidad del Sacro Cuore –explicó el obispo – ayudará a la Universidad de Juba con cursos de 3 a 5 meses para promover las administraciones”.

El prelado consideró que serán necesarios “de 5 a 10 años para salir de la pobreza”, debido también a que “el nivel de la clase dirigente es igual a cero”.

Por otra parte, monseñor Mazzolari recordó que la Conferencia Episcopal Italiana ha enviado 5,2 millones de euros para escuelas, diócesis y escuelas magistrales para profesores que a su vez educarán a otros maestros destinados a 50.000 jóvenes.

Pero en el nuevo Estado hay cosas que mejorar: “existe malestar entre los jóvenes y diversas tribus porque la Constitución de 2005 se hizo a puerta cerrada. También nosotros como iglesia hemos quedado fuera”.

El prelado recordó que la Iglesia local “en la última carta al presidente indicó que la falta de comunicación está creando malhumor. Quisiéramos más participación, también de la gente y de la Iglesia”.

Y subrayó que Italia estuvo en primera línea para el tratado de paz de 2005. “Italia no debe ceder”, dijo, y recordó que la población local comenta: “Sudán era colonia británica y nos abandonaron. Italia nos ha traído la paz, que ahora no nos abandone”.

Monseñor Mazzolari afirmó que “el Sur de Sudán quiere constituirse en un sentido democrático, aunque aún le falta apertura al pueblo. Preveo que estamos al inicio de una época nueva de consolidación del cristianismo” y recordó que “hay muchos estudiantes cercanos al presidente que llevan los valores cristianos”.

Y concluyó recordando que esta independencia “es símbolo de la libertad obtenida de manera pacífica y constructiva, esta es la verdadera libertad a la africana, mientras que la deuda mundial es una forma de esclavismo. Siria, Libia, todos quieren una libertad genuina, esto el Sudán del Sur lo ha conseguido. Pero el camino que hacer es muy largo”.