Llamamiento en Estrasburgo: “Abramos el cielo de Europa”

Monseñor Aldo Giordano, Observador Permanente de la Santa Sede en el Consejo de Europa

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ESTRASBURGO, jueves 23 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- “Abramos el cielo de Europa”, así lo afirmó ayer miércoles, en la catedral de Estrasburgo, monseñor Aldo Giordano, Observador Permanente de la Santa Sede en el Consejo de Europa, durante la homilía de la misa en la que participaron más de 300 jóvenes italianos, junto con algunos dirigentes y organizadores del Movimiento por la Vida.

Los jóvenes llegados a Estrasburgo son los ganadores del XXI concurso organizado por el Movimiento por la Vida. La edición 2007-2008 tenía como tema “Europa y los derechos humanos. Nosotros jóvenes somos protagonistas”, y en él han participado cerca de 22.000 estudiantes de estudios superiores y de los primeros años de la Universidad.

“Parece haberse extendido sobre Europa un cielo cerrado, nublado y gris”, comentó monseñor Giordano. “No se ve el azul del cielo abierto, parece que falta la mirada hacia la eternidad, hacia el paraíso”.

“Nuestra fe -explicó el Observador Permanente de la Santa Sede- nos empuja a buscar el misterio, la belleza y la verdad que dan sentido a la vida”.

“Por desgracia, Europa muestra un replegamiento sobre sí misma, parece que falte el valor para buscar soluciones fuera de las únicas propuestas materialistas; quizás por esto -comentó amargamente monseñor Giordano- está en aumento el número de suicidios entre los jóvenes”.

Citando a san Pablo, el Observador Permanente de la Santa Sede recordó que hay un misterio que ha recorrido los siglos, y es que venimos de Dios y volvemos a Dios, que la vida no es un hecho banal, superficial, porque tiene el sentido y el estupor de Dios.

Tras haber reflexionado sobre la pasión de Cristo, monseñor Giordano afirmó que “lo que hace eterna nuestra vida es la Resurrección, demostrando que el amor es más fuerte que la muerte”.

El prelado concluyó con un llamamiento a la responsabilidad, recordando que cada cristiano está llamado a hacer algo grande, hermoso y verdadero durante su camino en la tierra.

Por Antonio Gaspari, traducción de Inma Álvarez