Lolo, una silla de ruedas transformada en cátedra de alegría

Entrevista con el postulador de la causa de beatificación de Manuel Lozano Garrido

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ROMA, martes, 18 diciembre 2007 (ZENIT.org).- Manuel Lozano Garrido, conocido entre sus amigos como Lolo, no sólo es ejemplo de gran periodista, sino también de cómo es posible transformar el dolor en alegría gracias a la fe.

Benedicto XVI aprobó este lunes la publicación del decreto que reconoce las virtudes heroicas de este español, que vivió buena parte de su vida (1920-1971) en una silla de ruedas y los últimos años quedó ciego y paralítico.

El postulador de su causa de beatificación, monseñor Rafael Higueras Álamo, revela en esta entrevista concedida a Zenit que en estos momentos ya se está analizando un milagro atribuido a la intercesión de Lolo.


--Lolo murió entre sus brazos. Usted estuvo este lunes entre los postuladores que fueron recibidos por el Papa en el día en el que se publicaba el decreto que reconoce sus virtudes heroicas. ¿Qué significa esta decisión de Benedicto XVI?

--Monseñor Rafael Higueras: Es el primer paso definitivo entre los tres pasos que constituyen el proceso de canonización. El Papa ha reconocido que la vida y virtudes de Lolo son heroicas. Por desgracia son muchos los que se quedan en este paso, pues el paso siguiente es la declaración del milagro. Y no siempre se da. Y la Iglesia pide que tras las virtudes heroicas, como garantía de que han sido heroicas, se dé una intervención de Dios.

Aunque ya no se dieran más pasos, el que el Papa reconozca --con todos los estudios de teólogos y cardenales-- que Lolo es un hombre de vida y virtudes heroicas, es una garantía de que fue una gran figura y un amado de Dios.

Pero claro no podemos quedarnos ahí. Ya se está estudiando un milagro atribuido a su intercesión. Es el caso realmente sorprendente de un niño de año y medio que estaba agonizando, después de tres operaciones en el vientre. Tras poner la cruz de Lolo en su almohada, en la cama del hospital, a los tres días regresó a su casa.

Entre las declaraciones del proceso, está la del medico que le atendió y reconoce que la terapia no puede explicar la rapidez de la curación. Otros dos médicos de la Congregación de las Causas de los Santos ya han llegado a esta misma conclusión. El caso debe ser estudiado por la Comisión, que se compone de otros tres médicos y pronto deberán dar su juicio. Este niño es hoy árbitro internacional de tenis. El milagro tuvo lugar pocos meses después de que Lolo falleciera.

--¿Cómo fue la muerte de Lolo?

--Monseñor Rafael Higueras: El Salmo 116 dice: «Es preciosa a los ojos del Señor la muerte de sus santos», pero yo digo también «Es preciosa a los ojos del Señor la vida de sus santos». De hecho hay un dicho popular que dice «como es la vida es la muerte». Ese fue el caso de Lolo.

Hubo un momento tenso, que hace un poco temblar. En la noche precedente, según cuenta su hermana, Lucy, Lolo no pudo acostarse. De manera sencilla, ella cuenta que fue una noche de angustia. Lolo decía: «ahora, en el último momento, el diablo quiere meter la pata». Lucy lo llama «el Getsemaní de Lolo». ¿Fue una noche oscura? Lucy recuerda que en medio de esas quejas de su oscuridad mezclaba jaculatorias para pedir a Dios luz en el momento de tinieblas.

Yo llegué al día siguiente, cuando ya estaba en la cama, pero plenamente lúcido. Con el único movimiento que podía hacer con su cuerpo, manifestó la alegría al oírnos entrar al médico y a mí. Le dije que se arrepintiera de sus pecados para darle la absolución. A pesar de la inmovilidad total pudimos ver cómo rezaba con nosotros el Padrenuestro y el Avemaría. Al comenzar el segundo Avemaría murió. Había pedido que al morir se celebrara la misa ante su cuerpo, todavía caliente. Fui a recoger la casulla y dije misa en la misma habitación, sin estar amortajado.  En la Eucaristía le vi como víctima inmolada y  descubrí la dimensión inmensa de la vida de Lolo.

--Una vida de tanto sufrimiento da la impresión de tristeza...

--Monseñor Rafael Higueras: Todo lo contrario. Irradiaba una alegría contagiante. Lolo no seguía la conversación cuando uno hablaba de su enfermedad, con dos palabras cambiaba de tema. En las fotografías siempre está sonriendo. En un artículo en la revista «Vida Nueva» se pregunta qué es la alegría, y respondía que el cristianismo es una «operación de alegría».

Uno de sus amigos le definió como «un continuo Viernes Santo repicando a Pascua». Lolo era muy de Dios y consideró su dolor como un regalo de Dios.

Fue en silla de ruedas a Lourdes y a quien le preguntó si rezaría por su curación, respondió que no podía hacerlo al ver a todos los enfermos que allí había. Rezó por ellos. La intención de oración en su dolor eran los comunicadores y la Iglesia, así como todas las intenciones que le encomendaban sus amigos y seres queridos. Por eso fundó Sinaí, un movimiento en el que un monasterio de clausura junto a doce enfermos rezan por un medio de comunicación.

Bromeaba mucho. Quienes le ayudaban a acostarle en la cama tardaban una hora, poniendo decenas y decenas de almohadas en las diferentes partes de su cuerpo para evitar el dolor. Le decía a su hermana Lucy: «Ahora toca la almohada 24» y se reía por lo aparatoso de la operación. Escribió muchos artículos sobre la alegría. No hay artículo suyo sobre la cruz y el dolor que no lo remate con la visión positiva que ofrece la fe.

Por Jesús Colina