Los 76 años de los Pactos Lateranenses subrayan la laicidad, no el laicismo

Según un análisis de «L'Osservatore Romano»

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 11 febrero 2005 (ZENIT.org).- Los 76 años de la firma de los Pactos Lateranenses, que dieron origen a la institución del Estado de la Ciudad del Vaticano, celebrados este viernes, demuestran la fecundidad de las relaciones Iglesia-Estado cuando están guiadas por la «laicidad» y no por el «laicismo», considera «L'Osservatore Romano».



El diario de la Santa Sede publica en su primera página de la edición italiana diaria del 11 de febrero un análisis sin firma sobre la evolución de las relaciones entre política y religión en estas más de siete décadas.

El diálogo que surgió entre el Estado italiano y la Iglesia católica, truncado por la «cuestión romana» de 1870 --a causa de la anexión de los territorios pontificios-- «no sólo no pone en discusión el valor de la laicidad, sino que más bien lo articular en el ámbito nacional y europeo», opina el diario vaticano.

La laicidad correctamente entendida «no es indiferencia del Estado, sino salvaguarda de la libertad de religión, en régimen de pluralismo confesional y cultural», afirma citando textualmente una sentencia de la Corte Constitucional Italiana (1989, 203).

La laicidad, aclara, «no equivale a neutralidad del Estrado, el cual, por el contrario, en el respeto de la libertad de todos, está llamado a promover también los valores religiosos presentes en la sociedad que enriquecen y favorecen el bien y la convivencia de los ciudadanos», explica «L'Osservatore Romano».

«Gracias a este diálogo abierto, transparente y regular entre comunidad civil y eclesial, se reconocen y promueven la libertad religiosa y la libertad de la Iglesia. Ésta, por su parte, puede ofrecer de este modo una preciosa contribución a la sociedad», asegura el diario.

«No hay que temer que la libertad religiosa, una vez reconocida para la Iglesia católica, interfiera en el campo de la libertad política y de las competencias propias del Estado. La Iglesia sabe distinguir bien, como es su deber, lo que es del César y lo que es de Dios», asegura.

La Iglesia «coopera en el bien común de la sociedad, porque rechaza la mentira y educa para la verdad; condena el odio y el desprecio e invita a la fraternidad; promueve siempre por doquier --como es fácil reconocer por la Historia-- las obras de caridad, las ciencias y las artes».

« La Iglesia quiere solamente libertad para poder ofrecer un servicio válido de colaboración con cada instancia pública y privada, preocupada por el bien del hombre», concluye citando el reciente discurso de Juan Pablo II al cuerpo diplomático (ZENIT.org10 de enero de 2005).

A partir del 11 de febrero de 1929, en que tuvieron lugar los Pactos Lateranenses, la Santa Sede ha entablado relaciones diplomáticas plenas con 174 países.