Los Ángeles: Una arquidiócesis con potencial evangelizador (II)

Entrevista con su arzobispo coadjutor, monseñor José H.  Gomez

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LOS ÁNGELES, jueves 26 de agosto de 2010 (ZENIT.org).- Publicamos la segunda parte de la entrevista a monseñor José H. Gomez, quien asumió como arzobispo coadjuntor de Los Angeles el pasado 26 de mayo. En ella habla del tema de la pastoral de los hispanos en esta ciudad.

La primera parte de la entrevista se publicó en el servicio de ayer miércoles, la tercera y última parte será publicada en el servicio de mañana viernes 27 de agosto.

-En su toma de posesión los fieles lo recibieron muy entusiasmados. ¿A qué cree que se debe esta alegría y estos sentimientos de afecto?

Monseñor José Gómez: Los Ángeles tiene un número sorprendente de católicos con un profundo sentido de Iglesia. La afectuosa recepción de sus pastores es, en cierto sentido, una realidad histórica. Y creo que yo he sido el beneficiario de esta hermosa tradición de recibir a cada Pastor como lo que es, un sucesor de los Apóstoles.

-¿Cree que en esta calurosa bienvenida ha influido el hecho de su origen hispano?

Monseñor José Gomez: Ciertamente, el número creciente de fieles hispanos, que hoy componen decididamente la mayoría de la comunidad católica angelina, y el hecho que el Santo Padre haya escogido para ellos un arzobispo de origen mexicano, ha cumplido un papel importante en esta bienvenida.

Así lo percibí no sólo el día de mi bienvenida como coadjutor, sino especialmente en la Misa que celebré el primer domingo en la arquidiócesis. El saludo de los asistentes hispanos al final de la Misa se prolongó por casi dos horas. La alegría de esta comunidad tan grande y decisiva para el futuro de la Iglesia en Estados Unidos era evidente.

Pero además, en Los Ángeles se celebra la Misa en más de 40 idiomas, y estoy impresionado y agradecido por el entusiasmo del amable recibimiento que recibí de todos. Aquí estoy viviendo lo que afirmé desde que fui nombrado obispo auxiliar de Denver, Colorado, en el 2001: soy un obispo hispano, pero no soy un obispo sólo para los hispanos. Soy un obispo de todos y para todos.

-¿Cómo ve la pastoral que se desarrolla con los hispanos en esta arquidiócesis?

Monseñor José Gomez: Los Ángeles en las últimas décadas, ha tenido una pastoral hispana muy acentuada; pero el crecimiento de la población hispana siempre ha hecho que todo esfuerzo sea demasiado pequeño. Los católicos hispanos traen un sinnúmero de riquezas y valores, como han reconocido todos mis hermanos obispos en el episcopado norteamericano; pero requieren de mucha atención para alcanzar el nivel de educación, de comprensión de la realidad cultural en la que viven, y de inserción en la cultura.

-¿Y cómo cree que se puede vivir este proceso en una realidad cultural tan compleja como Los Angeles?

Monseñor José Gomez: Sobre este tema se ha escrito y dicho mucho. Yo mismo lo he hecho en diversas oportunidades.

Lo cierto es que el desafío de la integración de los hispanos a la cultura norteamericana –integración que no puede significar “asimilación”- y su capacidad de enriquecerla significativamente depende ante todo de la promoción de un liderazgo católico hispano que conscientemente acompañe este proceso.

Un proceso en el cual los hispanos adopten los valores de la cultura norteamericana, pero sobre todo aporten a esta cultura sus más grandes tesoros: la confianza evangélica en el Señor y la Santísima Virgen, el amor a la vida desde la concepción hasta su fin natural, el respeto por la familia, el espíritu solidario y la compasión por los más necesitados.

Sólo mediante el surgimiento de un número importante de sacerdotes hispanos, de religiosos y religiosas, de líderes laicos en el ámbito de la empresa y la cultura, de líderes juveniles, de matrimonios bien formados y comprometidos, estaremos en capacidad de enfrentar este desafío que se presenta como una oportunidad histórica única no sólo para los hispanos, sino para Estados Unidos.

-¿Cómo interviene la Iglesia en las políticas de migración en California?

Monseñor José Gomez: El tema de la inmigración no es algo que puede enfrentarse y resolverse a nivel estatal. Es poco, comparado con las dimensiones del problema, lo que los obispos podemos hacer a nivel estatal.

El tema de la inmigración requiere una solución nacional y comprensiva. Así es como lo hemos venido diciendo los obispos católicos de los Estados Unidos desde hace mucho tiempo. El mismo cardenal Mahony, en Los Ángeles, publicó recientemente una reflexión sobre el tema, reiterando la necesidad de una reforma en el sistema.

Recientemente algunos hermanos obispos de Estados Unidos, al concluir una reunión con sus pares de América Latina y el Caribe, hicieron un llamado al Congreso estadounidense y a la Administración del Presidente Obama para que hagan valer la tradición de Estados Unidos como nación de inmigrantes.

En el comunicado, los obispos, expresando el sentir del episcopado en su conjunto, solicitaron “reformar la ley de inmigración de los Estados Unidos y de esta forma permitir que los migrantes que trabajan arduamente en la economía de los Estados Unidos disfruten de protección legal”.

El comunicado del 11 de junio señalaba también que una reforma de esta naturaleza “eliminaría la necesidad de crear leyes estatales y locales que criminalicen a los inmigrantes que no hayan sido admitidos de manera legal”, a la vez que pondría fin a una de las mayores tragedias que estamos viendo actualmente, es decir, las deportaciones que separan a las familias.

Por Carmen Elena Villa