Los anuncios de clonación piden respuesta de los organismos internacionales

Según el presidente de la Academia Pontificia para la Vida

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ROMA, lunes, 23 mayo 2005 (ZENIT.org).- Los recientes anuncios de clonación «terapéutica» de embriones en Newcastle (Gran Bretaña) y Seúl (Corea del Sur) señalan la necesidad de que haya una conciencia «cada vez más robusta» en organismos internacionales y autoridades políticas, para que pongan fin a esta práctica, alertó el sábado el presidente de la Academia Pontificia para la Vida, el arzobispo Elio Sgreccia, en la emisora pontificia.



La víspera, haciéndose eco del «Times», «Radio Vaticana» explicó que un equipo de la Universidad de Newcastle, encabezado por los profesores Murdoch y Stojkovic, habría logrado crear por primera vez tres blastocitos, esto es, clones de embriones humanos en el primer estadio.

La Autoridad de Fertilización y Embriología Humana (HFEA, en sus siglas en inglés) en Gran Bretaña había concedido por primera vez el año pasado al equipo inglés autorización para trabajar en la clonación «terapéutica».

Los científicos británicos trabajaron sobre 36 óvulos donados por once mujeres sometidas a tratamiento de fertilización «in vitro». El núcleo de cada óvulo se sustituyó por una célula estaminal procedente de la piel. Los óvulos entonces fueron tratados con una descarga eléctrica para iniciar el proceso de crecimiento.

De diez de los óvulos los investigadores pudieron crear tres blastocitos. El intento de extraer células estaminales no se había logrado aún pues los clones no habían superado los cinco días de existencia.

El experimento, de acuerdo con los investigadores, se ha realizado para probar que los óvulos reunidos de mujeres sometidas a tratamiento de fertilización «in vitro» son adecuados para producir clones.

La noticia de Newcastle llegó el jueves pasado al tiempo que la de otra investigación de un grupo de la Universidad de Seúl (Corea) –conocida por haber obtenido el año pasado el primer embrión humano-- y de la Universidad de Pittsburg (EE. UU.), dirigido por Woo Suk Hwang.

La investigación se publicó on-line en «Science-express» --apunta «Avvenire»--. De once personas –hombres y mujeres— afectadas por varias enfermedades se extrajeron células adultas de la piel. A partir de ahí se han obtenido once embriones humanos. Éstos, llegados al estadio de blastocitos, han sido destruidos para obtener células estaminales «a medida»: el objetivo es trasplantarlas a los once pacientes para reemplazar teóricamente a las células enfermas –por ejemplo, por diabetes--.

En este experimento, respecto del del año pasado, la técnica sigue siendo la «transferencia nuclear de células somáticas»: los 11 grupos de estaminales han sido obtenidos transfiriendo el material genético de las células de la piel de los pacientes en los óvulos de mujeres donantes, éstos privados de su núcleo original.

La «novedad» --incide «Avvenire»-- es que esta vez, obtenidos los embriones humanos, se les ha extraído las células y, con este fin, han sido destruidos.

«El procedimiento de clonación por transferencia del núcleo de una célula somática en un ovocito privado del propio es idéntico al que podría llevar al nacimiento de un niño si el embrión fuera transferido al útero de una mujer capaz de llevar a término la gestación. En cambio, el embrión generado por clonación nuclear se cultiva sólo hasta cinco días de vida (...). En este punto, el concebido artificialmente –en todo similar a un embrión originado por fecundación, como demuestran los estudios sobre animales— es destruido para extraerle un número de células de su interior, las células estaminales embrionarias», sin las cuales «no puede vivir y desarrollarse», recuerda el diario italiano.

«Lo que han hecho –declaró monseñor Sgreccia aludiendo al anuncio del equipo coreano— es algo que la ONU ha declarado ilícito hace tiempo y con gran firmeza». «Lamentablemente es sólo una declaración de principio», añadió, según recoge «Radio Vaticano» (Cf. Zenit, 8 marzo 2005).

Comentando la clonación de embriones humanos en Gran Bretaña y Corea, el prelado constató que «parece que desde el punto de vista científico no es sino la repetición y multiplicación de un tipo de clonación hecha sobre el hombre, al que se suma la ligereza y la indiferencia».

«No parece que haya habido motivaciones nuevas. Leo un título donde se dice: “¿Es una esperanza o una exageración?”. Alguno dice también que por debajo hay incentivos económicos. Los laboratorios que causan más impacto atraen más dinero para la investigación, probablemente», reflexionó.

Y recalcó que «desde el punto moral sabemos bien que la llamada “clonación terapéutica por ‘nucleo transfer’” no es sino un procedimiento, el más artificial de cuanto se pueda imaginar, para dar vida a un ser humano desarraigado incluso de los gametos paterno materno».

Aclaró que se trata de una «fecundación agámica y asexual, “armada” sólo de un orgullo de reproducir un ser para instrumentalizar, porque después es matado y suprimido».

«Por lo tanto, no existe sólo la trasgresión de reproducir artificialmente, sino también la supresión y la instrumentalización, tal vez incluso la comercialización del producto», apuntó el arzobispo Sgreccia.

«Hay que subrayar que aquí se trasgrede el sentido de los derechos del hombre y que se necesita una conciencia cada vez más robusta, tanto en los organismos internacionales como en las autoridades políticas, para que se ponga fin a esto, que es un mal indicio de decaimiento moral en el terreno científico, que, por lo tanto, ofende también a la ciencia», precisó.