Los bienes de la Iglesia están para servir, su administración requiere corrección y transparencia

Bertone: el nuevo reglamento de Asuntos Económicos permitirá dar líneas de orientación y programación

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Por H. Sergio Mora

CIUDAD DEL VATICANO, martes 18 de diciembre de 2012 (ZENIT.org).- El cardenal Tarcisio Bertone, secretario de estado de la Ciudad del Vaticano, en la presentación que realizó hoy del nuevo Reglamento de la Prefectura para los Asuntos Económicos de la Santa Sede, recordó que el patrimonio que gestionan las entidades del Vaticano está al servicio de la misión universal de la Iglesia por lo que es necesario una administración cada vez correcta y más transparente.

“Transparencia en las actividades económicas y financieras, sea por corrección interna que en mantener el empeño de la Santa Sede de seguir las normativas internacionales de control financiero, que gradualmente se están cumpliendo” son los dos objetivos, del cual el segundo “fue reconocido públicamente a nivel europeo”.

"La Iglesia, como tal, no posee bienes, los posee a través de las instituciones que la componen" añadió, precisando por ello que existe una entidad como la Prefectura para los Asuntos Económicos, fundada por Pablo VI, la cual se había transformado en "una especie de contabilidad central de la Santa Sede" que entretanto fue perdiendo las tareas de "planificación y coordinación económica general".

Por ello con las nuevas reglas se vuelve al espíritu original y la Prefectura para los Asuntos Económicos entra en relación directa con el secretario de estado para definir las líneas de orientación y programación y se convierte en un ente superior a las simples administraciones del Vaticano. Una normativa que fue promulgada el pasado mes de febrero, coincidiendo con el adecuamiento a los estándares internacionales de control financiero.

El purpurado precisó que el Código de Derecho Canónico “establece que para el cumplimiento de sus fines institucionales es lícito para la Iglesia la adquisición, posesión, venta y administración de los bienes temporales".

Por ello, añadió, la Iglesia "siempre ha tratado de considerar la mera instrumentalización de los bienes temporales en relación al desempeño de sus funciones", o sea "el culto divino, las obras de apostolado y de caridad, el honesto mantenimiento del clero y demás ministros".

Al concluir el cardenal recordó el contexto de crisis económica mundial, por lo que la Santa Sede “en las actuales circunstancias históricas tiene que disminuir gradualmente los costos reales frente a la imposibilidad de aumentar los ingresos, al menos en proporción a los déficit que últimamente se registran en los balances consolidados" dijo. Porque lo que está en juego también, es la credibilidad de la Iglesia.