Los cien días del papa pobre (I)

Crece la esperanza por Francisco

Roma, (Zenit.org) José Antonio Varela Vidal | 1987 hits

Durante el último Cónclave, las expectativas eran diversas. Se especulaba sobre la nacionalidad del nuevo papa, la edad que debería tener; acaso si sería uno curial o más de tipo pastoral. Hasta se apostaba sobre el nombre que llevaría como sumo pontífice.

Cuando se terminaban los argumentos --y los días sin humo blanco se alargaban--, los colegas periodistas comenzaron a especular si convenía uno "ratzingeriano" o "wojtyliano"; no faltó quien fue provocador al lanzar duplas, esto es, "papa-secretario de estado", en una suerte de plancha electoral.

Pero todas las hipótesis cayeron cuando se escuchó que un tal Francisco había llegado al Palacio Apostólico Vaticano...

La hermana pobreza

Fue así que el mundo entero --incluidos los prestigitadores de turno--, quedaron boquiabiertos cuando se dio el anuncio, y vieron salir al balcón pontificio a un pobre papa.

Y la pobreza que traía encima reemplazaba todo lo que comúnmente se espera del sucesor de Pedro. Se ha sabido que aún antes de revestirse de blanco, quiso recogerse a solas para rezar, para entender qué podría hacer él, un pobre pastor del fin del mundo, por la Iglesia entera.

Durante su primera aparición pública pudimos ver varios signos. Es un hecho que si las formalidades no le tuercen la voluntad, estos conformarán su programa de gobierno y el lema vívido de su pontificado.

Todo partió de un saludo tímido, donde él no abrazaba al mundo con gesto pontifical, sino que era él quien necesitaba del abrazo de todos. Se presentó pobre y desprotegido, tanto que pidió oraciones para que Dios lo bendiga; fue un mensaje claro: los ruegos de un papa no bastan si no lo hace con su pueblo.

No trajo consigo palabras pre-elaboradas, lo que mostró más aún su pobreza. Fueron frases dichas desde el corazón y la experiencia; carentes de formas pero llenas de contenido. Por momento parecía que pedía permiso para decirlas.

Hacia los cien días...

Estamos acostumbrados a darles una "luna de miel" a los políticos que inician un gobierno, y que generalmente alcanza los cien días. En el caso del papa Francisco, vemos que este periodo también será fundamental para conocer hacia dónde irá su pontificado y --como anciano que es--, tratará de hacer todo con intensidad y en poco tiempo.

Si a los dos últimos papas los recordarán como a uno que era muy visto, y a otro muy escuchado, lo que se ha constatado en los primeros días es que este será el "papa del buen ejemplo".

Los días de Francisco papa ya empezaron, y le quedan menos de cien para la primera "evaluación" del mundo. Y vaya que han sido cargados de detalles, diríamos que es un programa hecho vida. ¿Valdrá eso de que los ejemplos arrastrán? Ojalá.

Vemos que ya en los primeros actos públicos ha dicho cómo quiere las cosas, y lo ha dicho en primera persona. Recordemos que en aquel primer contacto con el mundo quiso presentarse sin cubiertas, sin capas ni enjoyado. Era como ver al Francisco del siglo XIII desnudo en la plaza, gritando quién era su verdadero padre. 

Ahora nuestro Francisco del siglo XXI llevaba consigo una cruz artesanal de metal sin ninguna valía, sino es aquella de haberla usado por décadas en la Argentina como un pastor abnegado, señalado, empobrecido por opción.

Llama la atención cómo en su primer encuentro con los cardenales, algunos de ellos se presentaron ya sin mucho oropel, con sus sobrias cruces pectorales; y sin esclavinas otros, pero con un brillo en los ojos casi todos...

El pobre Francisco viene dando vida al dicho: "los ejemplos arrastran". No solo lo hemos visto tratando de pagar sus consumos, sino evita que se gaste en vano gasolina solo en él, o que se tenga que proveer de mozos y cocineros palaciegos. No es así; él se sienta con sus hermanos cardenales en el minibus o a comer a la mesa. Contaba el padre Lombardi, portavoz vaticano, de que el papa llega al comedor común de la Casa Santa Marta "y se acomoda donde vea un sitio libre".

"Muéstrame tus obras"

Se dice generalmente que a los periodistas nos falta espacio para escribir todo lo que queremos. Y es verdad, se aprende a ser sintético. Pero esta vez lo que nos está faltando a muchos colegas --y quizás también a los lectores--, es tiempo y capacidad de asombro para asimilar todo lo que traía con sí el papa Francisco y que brota sin dar pausa...

No es posible explicar todo, pero sí es curioso constatar que aún hay quienes hacen vida el evangelio en las más altas jerarquías de la Iglesia.

¿Y qué nos deparan los siguientes 98 días? Ojalá que sigan brotando más gestos y decisiones, más obras y menos intenciones. Todos los fieles quieren ver que el mensaje del evangelio y de Francisco de Asís está intacto, que la promesa era cierta.

Estamos seguros que en los siguientes días, el corazón de muchos batirá cuando vean de nuevo al papa jesuita en zapatos de diario y con su reloj de plástico. Otros se sentirán confortados al observar cómo les pide a los cardenales que le pasen por escrito lo que le cuentan; o cuando les besa las manos a aquellos purpurados que sufren con su pueblo.

Nosotros nos quedamos con dos escenas. Una fue el mismo miércoles 13, cuando sorpresivamente quiso rezar en silencio con el mundo entero desde la Plaza de San Pedro.

Y la otra cuando, al terminar de escuchar el saludo del cardenal decano en la audiencia del viernes 15, bajo él mismo de la tarima para agradecerle. Se levantó y fue hacia él, tal como le ha pedido a todos, "que vayan, que salgan".

Continuará...