Los cistercienses reeligen al abad general

Es el abad catalán Maur Esteva

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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 27 septiembre 2005 (ZENIT.org).- El Capítulo General de la Orden Cisterciense (www.ocist.org) se ha terminado en Roma con la reelección del abad general, Maur Esteva Alsina, del monasterio catalán de Poblet. También se ha reelegido al padre Meinrad Toman como procurador general de la orden.



El hermano Lluc Torcal, secretario del Capítulo General, ha explicado a Zenit que en este capítulo recién celebrado en el recinto Salesianum de Roma se ha introducido una novedad: «Los abades presidentes de cada congregación, aparte de explicar el estado de la propia congregación, han hecho una presentación digital --audiovisual-- de los monasterios que la componen, algo que ha sido muy bien acogido y que permitió a los monasterios y comunidades conocerse visiblemente», explica este joven cistercense.

El capítulo general del Císter ha abordado el desafío que plantean las vocaciones, ya tratado en el Capítulo General del año 2000, así como el tema de la identidad monástica y cisterciense.

Lluc Torcal añade que «las conferencias que han escuchado los padres y madres capitulares han versado sobre temas como las fuentes evangélicas de la vocación, la formación continua, el "munus docendi" (el ministerio de enseñar) del abad, especialmente en relación a la regla».

Entre otros temas, se ha discutido «la diversa valoración de los grados del Magisterio, el voto de pobreza, la visita regular, la liturgia, la respuesta de la orden a las nuevas comunidades de jóvenes que quieren ingresar en ella y la vinculación con los laicos de espiritualidad cisterciense», concluye.

En el mundo hay 1499 monjes cistercienses varones, de los cuales 696 son sacerdotes y 883 monjas cistercienses.

La Orden Cisterciense hunde sus raíces en el monaquismo benedictino, en particular, en la abadía de Citeaux (Cister) en las cercanías de Lyón, fundada en 1098. Entre sus grandes impulsores se encuentran Stephen Harding, tercer abad de Citeaux, autor de la «Carta caritatis» (c. 1120) y, su gran promotor fue san Bernardo de Claraval (1091-1153), que dotó a este movimiento de renovación espiritual de una dimensión verdaderamente supranacional.