Los cristianos deben cooperar para reavivar las raíces europeas, afirma el Papa

Al recibir a una delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla

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CIUDAD DEL VATICANO, 30 junio 2003 (ZENIT.org).- Al recibir el sábado pasado a la delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, Juan Pablo II constató la necesidad de que en Europa los seguidores de Cristo cooperen de modo especial para conocer y dar nueva vida a las raíces espirituales, que son centro de la historia y la cultura del Viejo Continente.



Es costumbre que en torno al 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, el Papa reciba a una delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla en representación del patriarca Bartolomé I.

Por su parte, la Santa Sede envía una delegación al Patriarcado el 30 de noviembre, fecha en que se celebra la fiesta de su patrón San Andrés.

El Santo Padre trasladó su agradecimiento al patriarca Bartolomé I --considerado como «primus inter pares» de la ortodoxia— por los buenos deseos manifestados durante los actos celebrados con motivo del XXV aniversario de su pontificado.

«Vuestra presencia --dijo el Santo Padre a la delegación-- es un signo del amor común por Cristo y un acto de fraternidad eclesial, con los que reafirmamos la herencia de amor y unidad que el Señor legó a su Iglesia, construida sobre los Apóstoles».

«Los rápidos cambios del mundo de hoy –prosiguió-- exigen que todos los cristianos demuestren cómo el Evangelio de Jesucristo ilumina los temas críticos ante los que se enfrenta la familia humana», entre los que se encuentra la necesidad urgente de promover el diálogo interreligioso, la protección de la creación o los nuevos desafíos planteados por los avances de la ciencia y la tecnología.

También la consolidación de la unidad e identidad europea es un tema que pide que los cristianos, como testigos de la misericordia de Dios, «desempeñen un papel específico en el proceso actual de integración y reconciliación», observó el Papa, según recoge Vatican Information Service .

«Mientras intentamos avanzar en el diálogo de la verdad y en el diálogo de la caridad, no nos desalentemos por las dificultades que encontremos», pidió Juan Pablo II. «Siempre hay un camino si estamos decididos a cumplir la voluntad de Dios para la unidad de sus discípulos», concluyó.