Los cristianos deben dar razón de su esperanza en Jesús, llama el Papa

En la dedicación de una nueva iglesia romana

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ROMA, domingo, 16 diciembre 2007 (ZENIT.org).- Igual que en tiempo de mártires, los cristianos hoy deben dar razón de sus esperanza «ofreciendo al mundo testimonio de la Verdad del Único que salva y redime», alerta Benedicto XVI.

Escuchó su llamamiento la joven y numerosa comunidad parroquial de Santa María del Rosario en los Mártires Portuenses, que cuenta con una nueva iglesia que ha dedicado el Santo Padre en la mañana de este domingo.

Hace nueve años también acudió al lugar, en visita pastoral, Juan Pablo II, como recordó su sucesor en su homilía.

El lugar «evoca un pasado de resplandeciente testimonio cristiano» --describió Benedicto XVI-- porque en las cercanías están situadas las catacumbas de Generosa, donde la tradición señala la sepultura de tres hermanos mártires: Simplicio, Faustino y Beatriz, recordados como los santos Mártires Portuenses y muy apreciados por la comunidad local.

Fueron asesinados durante la persecución de Diocleciano, en el año 303.

Parte de los restos de los hermanos se conservan en Fulda, en Alemania, «ciudad que desde el siglo VIII, gracias a que San Bonifacio le llevó las reliquias, honra a los Mártires Portuenses como sus compatriotas», apuntó el Santo Padre, saludando por ello al obispo de la diócesis alemana, monseñor Josef Algermissen, presente en la celebración.

«Los jóvenes mártires que entonces murieron para dar testimonio de Cristo, ¿acaso no son un poderoso estímulo para vosotros, cristianos de hoy, a perseverar en el seguimiento fiel de Jesús?», expresó el Papa a la parroquia de la zona oeste de Roma.

«Y la protección de la Virgen del Santo Rosario, ¿no os pide ser hombres y mujeres de profunda fe como lo fue Ella?», añadió.

«También hoy, aunque de formas distintas, el mensaje salvífico de Cristo es contestado -constató Benedicto XVI-- y los cristianos, no menos que ayer, están llamados a dar razón de su esperanza, ¡a ofrecer al mundo el testimonio de la Verdad del Único que salva y redime!».

«Es necesario que reanimemos nuestros corazones porque el Señor está cerca», había dicho el Papa al inicio de su homilía.

Apuntaba así a la liturgia de Adviento, que «repite constantemente que debemos despertarnos del sueño del acostumbramiento y de la mediocridad», y «abandonar la tristeza y el desaliento».

Remitiéndose a la historia cristiana y a las raíces martiriales del lugar, Benedicto XVI rogó al Señor, al final de su homilía, para que todos los fieles de la parroquia estén dispuestos a seguir el ejemplo de los Mártires Portuenses.

Y encomendó esta plegaria a María, Reina del Rosario: «Que Ella nos obtenga que se cumpla en nosotros, en este día, la palabra» --de Neemías-- «La alegría del Señor es nuestra fuerza», pidió.

Al término de la Eucaristía, trescientos niños y jóvenes acogieron al Papa en los salones parroquiales, agitando pañuelos blancos, con fuertes cantos y aplausos en un clima muy festivo. En representación de todos, un chaval habló a Benedicto XVI.

«Querido Santo Padre: los niños que nos estamos preparando aquí para recibir la Primera Comunión y la Confirmación tenemos en nuestro corazón el deseo de amar cada vez más a Jesús y de poderle seguir como los tres jóvenes Mártires Portuenses», aseguró.

«Ayúdenos Santo Padre a hacernos mayores en la fe y a testimoniar a Jesús a nuestros compañeros», le pidió. El Santo Padre agradeció con cariño estas palabras, confirmando que el seguimiento del ejemplo de los santos es un camino seguro de fidelidad a Cristo.

Por Marta Lago