Los cristianos tienen el deber de atender a los huérfanos del tsunami, afirma el Papa

Al recibir a los obispos de Sri Lanka en visita «ad limina apostolorum»

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 8 mayo 2005 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI ha asegurado que los cristianos tienen el deber de atender a los niños que han perdido a sus padres en el tsunami que flageló el sudeste asiático el pasado 26 de diciembre.



El obispo de Roma aprovechó este sábado su encuentro con los obispos de Sri Lanka, al concluir su visita «ad limina apostolorum», para manifestar su dolor por esta tragedia y garantizar su solidaridad y la de la Iglesia.

Más de 31.000 personas murieron en ese país a causa de las olas asesinas y más de un millón quedaron sin techo.

En respuesta al saludo que le dirigió el obispo Joseph Vianney Fernando, presidente de esa conferencia episcopal, el obispo de Roma confesó que «quedé profundamente conmocionado al observar los devastadores efectos del tsunami».

«Os pido que aceptéis mi más sentido pésame y el de los católicos de todo lugar por todos los que tuvieron que soportar aquellas terribles pérdidas», añadió.

«En los rostros de aquellas personas privadas de todo no podemos dejar de ver el rostro sufriente de Cristo y, de hecho, es a él a quien servimos cuando demostramos amor y compasión a los necesitados», aseguró el Santo Padre.

«La comunidad cristiana tiene el deber particular de atender a los niños que han perdido a los padres a causa de la catástrofe natural», afirmó con energía en su discurso pronunciado en inglés.

«El Reino de Dios pertenece a estos miembros de la sociedad, los más vulnerables, que con frecuencia son olvidados o se convierten en víctimas de abusos sin vergüenza al ser utilizados como soldados, mano de obra o para el tráfico de seres humanos», afirmó.

«No hay que ahorrar ningún esfuerzo para exhortar a las autoridades civiles y a la comunidad internacional para que combatan estos abusos y ofrezcan a los niños la defensa legal que justamente se merecen», exigió.

Benedicto XVI explicó que en el tsunami Dios no estaba ausente y que los cristianos saben que «todo contribuye al bien de quienes aman a Dios».

«Esto quedó evidente con la generosidad sin precedentes de la respuesta humanitaria al tsunami», recordó, alabando la movilización de la Iglesia católica en Sri Lanka para afrontar las necesidades de las víctimas.

«Podemos reconocer ulteriores signos de la bondad de Dios en la cooperación y en la colaboración de tantos y tan diferentes miembros de la sociedad, unidos por el esfuerzo de ofrecer ayuda», indicó.

«Ha sido alentador ver a miembros de diferentes religiones y de diferentes grupos étnicos en Sri Lanka y de toda la comunidad global reunirse para mostrar su propia solidaridad hacia los afligidos y redescubrir de este modo los vínculos fraternos que les unen», explicó.

«Confío en que encontraréis otros modos para hacer todavía más fecundos los resultados de esta cooperación, en particular, garantizando que las ayudas se ofrezcan gratuitamente a todos los necesitados», concluyó.

El 7,09% de los más de veinte millones de habitantes de Sri Lanka es católico.