Los desafíos de los maronitas en la diaspora (segunda parte)

Entrevista a monseñor Habib Chamieh, obispo de los maronitas en Buenos Aires

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) Robert Cheaib | 769 hits

Publicamos hoy la segunda y última parte de la entrevista con monseñor Habib Chamieh, obispo de Buenos Aires de los maronitas. La primera parte fue publicada ayer, miércoles 25 septiembre.

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¿Han sido considerado temáticas ecuménicas e interreligiosas?

Mons. Chamieh: Sí, hemos hablado de las relaciones ecuménicas con los hermanos ortodoxos y protestantes. Pero quisiera subrayar sobre todo la interesante intervención del cardenal Jean Louis Touran, el cual hablando del diálogo con el Islam ha dicho que tenemos dos tareas fundamentales: la primera, ayudar a los musulmanes a vivir una apertura cultural porque el fundamentalismo se nutre y aprovecha de la ignorancia de las personas. El segundo, el de ayudar a los cristianos, a menudo analfabetos en la temas religiosos a estar más aferrados y conscientes de su fe.

Me gusta recordar también que hemos dedicado un buen espacio a la relación del ministerio episcopal con lo medios. Y al ánimo del compromiso activo de los laicos en la vida de las diócesis.

El santo padre Francesco ha criticado por ejemplo las figuras de los obispos que parecen más 'jefes de oficina' que padres y pastores del pueblo de Dios. ¿Cuáles son los puntos que le han tocado más del discurso del papa?

Mons. Chamieh: Como nuevo obispo, me han tocado las palabras del papa que nos invitaban a no vivir el ministerio como ambición. Es bonita la comparación que ha hecho sobre el obispo que aspira siempre a una diócesis "mejor", el cuál es - según el papa - parecido a un marido que mira a la mujer de otros. Me guardaré seguramente en el corazón la exhortación del papa a no vivir el episcopado con la "mentalidad de príncipe".

En el papa Francisco tocamos con la mano el deseo y la voluntad de reforma. Y su estilo como obispo de Roma que vive en la sencillez, en la pobreza y en la cercanía concreta al pueblo de Dios es ya un gran ejemplo y exhortación para nosotros.

El santo padre ha hablado de tres actitudes fundamentales en el obispo: acoger con magnanimidad, caminar con el rebaño y permanecer con el rebaño. ¿Qué importancia reviste esta presencia cualitativa y cualificada en las 'periferias existenciales'?

Mons. Chamieh: Es bueno tener presente el hecho que cuando papa Francisco habla de las periferias existencial, habla con conocimiento de causa. Habiendo sido el arzobispo de una gran metrópoli, Jorge Mario Bergoglio ha entendido no sólo la importancia sino también la indispensabilidad de una proximidad concreta al pueblo de Dios, a las varias pobrezas no solo a las materiales, sino sobre todo a las existenciales de soledad, enfermedad, falta de trabajo, etc. El papa nos transmite, por tanto, una experiencia que ha vivido en primera persona. Este estilo de presencia no es solo necesario para el pueblo, sino es también el modo necesario para abrir al obispo la experiencia verdadera de Jesucristo. 

Antes de su elección a obispo ha vivido ya una experiencia misionera hacia los maronitas en Uruguay. ¿Cuáles fueron los desafíos?

Mons. Chamieh: He sido misionero en Uruguay durante tres años. Uruguay es particular porque es la única nación realmente laica en América del Sur. Hay un fuerte sentido de anticlericalismo y de marginalización de la Iglesia. Su laicidad es comparable a la francesa, la llamada laicidad negativa. Este clima ha implicado lamentablemente un alejamiento progresivo de los fieles de la vida de la Iglesia. El mismo fenómeno se ha verificado con los maronitas allí presentes.

Los desafíos han sido dos: el primero que muchos de los maronitas allí presente han llegado hace más de cien años. Muchos en los tiempos de la persecución otomana en 1860. Llegados allí, eran llamados "los turcos", y por tanto, para evitar esta etiqueta, muchos se han querido integrar disolviéndose y alejándose del propio rito oriental. El segundo desafío tiene que ver con el laicismo imperante que ha tenido su influencia negativa también sobre los inmigrantes maronitas.

Y ahora en Argentina, ¿la situación es diferente?

Mons. Chamieh: Ciertamente. Argentina es una nación con un fuerte sentido católico. Hay apertura hacia el rol y la contribución de la Iglesia. Recordemos también que en Argentina hay cerca de dos millones de personas de origen libanés. Cierto, esto no implica que sepan hablar nuestra lengua o que conozcan nuestro rito maronita.

La diócesis maronita en Argentina fue fundada en 1990, en tiempos del papa Juan Pablo II. Fue así fundada la eparquía de san Charbel para los maronitas. Como maronitas tenemos cuatro parroquias, dos de ellas están en Buenos Aires.

¿Y usted personalmente cómo se encuentra en la diócesis donde Bergoglio ha sido arzobispo?

A mi llegada he visto que hay situaciones para ajustar lo antes posible. Por ejemplo la sede episcopal maronita está muy lejos de la catedral maronita. Motivo por el cual la vida laboral de obispo es casi ermitaña.

Uno de las primeras tareas es la de encontrar una residencia con su iglesia, de forma que pueda vivir la vida de fe con los fieles todos los días y no solo el domingo.

Y uno de los primeros proyectos que quiero realizar es el de construir un santuario a san Charbel.