Los ejercicios espirituales en el Vaticano concluyen con la adoración de la Eucaristía

El Papa agradece a monseñor Corti «la profundidad espiritual y la sabiduría pastoral»

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 20 febrero 2005 (ZENIT.org).- Juan Pablo II, todavía convaleciente tras su hospitalización en el Policlínico Agostino Gemelli, no pudo participar este sábado en la misa conclusiva de los anuales ejercicios espirituales del Vaticano, pero agradeció personalmente las meditaciones impartidas por el predicador, el obispo italiano de Novara, monseñor Renato Corti.



«Los ejercicios espirituales han sido para mí y para muchos de mis colaboradores de la Curia romana una oportunidad providencial de prolongado reconocimiento», asegura el pontífice en un mensaje que entregó al prelado personalmente en una audiencia que le concedió tras la misa y adoración con la que en este año ha concluido el retiro semanal.

«Sus reflexiones nos han ayudado a ponernos a la escucha dócil y atenta del Espíritu que hoy habla a la Iglesia», añadió.

De las predicaciones de monseñor Corti, centradas en el tema «La Iglesia al servicio de la nueva y eterna Alianza», el Santo Padre ha apreciado en particular «la profundidad espiritual y la sabiduría pastoral».

La misa conclusiva de los ejercicios espirituales fue presidida, en nombre de Juan Pablo II, por el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado, en la Basílica de San Pedro del Vaticano.

La homilía corrió a cargo de monseñor Corti, quien dirigió un saludo particular al Papa: «Junto con todos vosotros, que tanto le queréis, le deseo que la salud le apoye para llevar adelante la grande y maravillosa tarea que Dios le ha confiado».

El obispo presentó la Eucaristía, en este año dedicado por el Papa a este sacramento, como «la raíz y el secreto de la vida espiritual de los fieles, al igual que de toda iniciativa de las diferentes Iglesias particulares esparcidas por el mundo».

En la misa se rezó por el obispo de Roma, para que sea «una imagen viva de la bondad y de la misericordia del Padre celestial y para que sea amado y escuchado por todos con afecto filial».

En esta ocasión, el Papa pidió explícitamente que, tras la misa, tuviera lugar la adoración ante el santísimo Sacramento expuesto. Fue acompañada por cantos y lecturas de la sagrada Escritura para ayudar a los presentes a profundizar en el misterio eucarístico.

Al concluir el retiro, en declaraciones concedidas a «Radio Vaticano», monseñor Corti ha confesado que pronunció sus meditaciones con mucha «tranquilidad», «pues los ejercicios espirituales no son una serie de conferencias especializadas, o un seminario de estudio».

«Es simplemente un tiempo dedicado a Dios en el que quien desempeña la tarea de predicador tiene que ofrecer una pequeña ayuda para que cada quien escuche al Espíritu Santo y, en relación con lo que sugiere el Espíritu Santo, revise la propia vida y llegue a conclusiones de renovación de su propia existencia», aclaró.