Los emigrantes esperan que los cristianos sean para ellos las «manos» de Cristo

Comienza el Congreso Mundial para la Pastoral de los Emigrantes y Refugiados

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ROMA, 18 noviembre 2003 (ZENIT.org).- Con una invitación a todos los cristianos a ser las «manos» de Cristo que acogen a los emigrantes y refugiados, el cardenal Stephen Fumio Hamao, inauguró este martes el Quinto Congreso Mundial para la Pastoral de los Emigrantes y Refugiados.



En el encuentro, que se celebra hasta el 22 de noviembre en el Instituto Patrístico «Augustinianum» de Roma, participan 297 cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos, laicos, expertos en la pastoral y atención a los emigrantes, así como delegados de otras Iglesias y comunidades cristianas. Los países representados son 99.

«En cierto sentido todos nosotros representamos a los 175 millones de emigrantes y a los 40 millones de refugiados y desplazados de todo el mundo y nos hacemos portavoces de la preocupación que siente por ellos la Iglesia», afirmó el cardenal Hamao, presidente del Consejo Pontificio para los Emigrantes e Itinerantes, en sus palabras de bienvenida.

«Estas personas tienen el derecho de conocer a Cristo y de experimentar su amor por los hombres y las mujeres de todas las naciones y de todos los grupos étnicos», añadió el purpurado japonés en el congreso, convocado por el organismo vaticano que preside.

«Utilizando una expresión de la Beata Madre Teresa de Calcuta, nosotros somos sus manos, sus oídos y su corazón. Miremos al futuro con la conciencia de que el Señor nos asistirá en la misión que nos ha confiado», afirmó el purpurado.

Por este motivo, concluyó, sólo con una vida de «santidad» los cristianos podrán responder adecuadamente a las exigencias que experimentan los emigrantes y refugiados. «Sólo así nuestros programas pastorales contribuirán verdaderamente a realizar el designio de Dios de amor por la humanidad, única familia de hermanos y hermanas».

A continuación Gabriela Rodríguez Pizarro, relatora especial de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos de los emigrantes, ilustró la situación actual de las migraciones internacionales y propuso políticas a favor de la defensa de los derechos humanos de los emigrantes.

El cardenal Theodore McCarrick, arzobispo de Washington, cerró las intervenciones de la mañana, subrayando que la Iglesia debe ser «defensora» de los emigrantes y ofrecer testimonio de común fraternidad.