Los jesuitas festejan sus sesenta años en Nepal

En un clima político tenso

| 1274 hits

ROMA, miércoles 9 mayo 2012 (ZENIT.org).- Mientras que los disturbios no cesan de aumentar en el país, que espera en un clima agitado y lleno de protestas, la promulgación de la Constitución, fijada para el 27 de mayo, los jesuitas festejan el sesenta aniversario de la fundación del college San Javier en Katmandú.

Paralizado por una huelga general, amenazado por la insurrección latente en las regiones donde las minorías étnicas reclaman más autonomía, Nepal parece más que nunca al borde del caos, informa la agencia Eglises d'Asie.

En la Asamblea, los diferentes partidos no llegan nunca a entenderse en los principios fundantes de la Constitución, de la que han dado la fecha de entrega por sexta vez, dejando planear una duda inquietante en cuanto a la reconducción de la libertad religiosa y la laicidad del Estado.

En la esperanza de poner fin a la agitación política, el primer ministro maoísta Baburam Bhattarai efectuó el 5 de mayo pasado un importante reajuste ministerial, tratando de unir en el seno de un gobierno de coalición a los representantes de los cuatro principales partidos del Parlamento (Partido Maoísta, Congreso Nepalí, Frente Democrático Unido Madhesi, Partido Comunista de Nepal).

En este contexto turbulento, el 6 de mayo pasado, la Nepal Jesuit Society(NJS) festejó en la Escuela San Javier de Jawalakhel, en Katmandú, el sesenta aniversario de su presencia en Nepal. La historia del centro se confunde con la de los jesuitas en Nepal; gracias a la creación de este college la Compañía de Jesús dió sus primeros pasos en el “reino prohibido hindú”, acudiendo a la petición del rey Tribhuvan Shah de poner las bases de un sistema educativo entonces casi inexistente.

“La joven semilla plantada por la NJS en 1951 ha crecido hoy hasta convertirse en un árbol magnífico con ramas que se extienden por todo Nepal”, declaró el padre Amrit Rai, director de la Escuela San Javier de Jawalkhel en la apertura de los festejos.

El primer colegio San Javier fundado en Godavari, cerca de Katmandú, sólo contaba con 65 alumnos en su apertura el 5 de julio de 1951 por el padre Marshall D. Moran. Hoy, afirma con orgullo el director, la escuela es una de las más reputadas del país y acoge a centenares de alumnos, desde la materna a la secundaria.

Con los años, y más particularmente bajo el reino del rey Birendra Shah, donde se inició el giro democrático del país, la NJS había creado otras escuelas, y luego, siempre tratando de respetar la prohibición del proselitismo, desarrolló centros de cuidados y de ayuda social, estructuras entonces en estado embrionario en Nepal.

Actualmente, los jesuitas dirigen, además de los dos colegios de Godavari y Jawalkhel, otros dos centros en el distrito oriental de Jhapa, así como el Colegio San Javier de Maitighar, en Katmandú, donde más de 3.500 alumnos siguen estudios universitarios. Administran igualmente el Centro de Desarrollo de Recursos Humanos en Katmandú, un centro de rehabilitación para toxicómanos

(Freedom Centre) en Lalitpur, centros para niños inadaptados en Pokara y Jawalkhel, así como diferentes centros médicos. Están en curso proyectos de escuelas para niños desfavorecidos.

El 6 de mayo pasado, a pesar del contexto político especialmente tenso, el presidente de Nepal, Ram Baran Yadav, decidió honrar con su presencia las ceremonias del jubileo del Colegio San Javier, en el curso de las cuales declaró que los jesuitas habían “revolucionado completamente el sistema educativo del país”.

Añadiendo que el “futuro de la nación dependía de la calidad de la educación que sus niños recibían”, el presidente nepalí recordó que el Colegio San Javier había “formado la élite dirigente del país”. Un hecho notorio es, según el Kathmandu Post informa, que el hijo del ministro de Finanzas maoísta Barshaman Pun, así como los hijos de los miembros del Partido Comunista, estudian en el colegio jesuita de Jawalakhel.

“Con esta experiencia de sesenta años en el campo de la educación, debemos hoy mostrarnos más innovadores a fin de elevar la enseñanza en Nepal a un nivel todavía superior”, dijo el padre Boniface Tigga, superior regional de los jesuitas en Nepal. “Sin embargo, estos años pasados no han sido fáciles”, prosiguió, recordando que “si el país ha sido impregnado del sudor del trabajo de los padres [fundadores del Colegio San Javier], fue también la sangre del padre Gafney”, haciendo referencia al sacerdote jesuita de origen estadounidense asesinado en su domicilio de Katmandú, en diciembre de 1997.