Los laicos y sus movimientos son fundamentales, siempre que estén en consonancia con el Papa

Entrevista al secretario de la Comisión Pontificia para América Latina, Guzmán Carriquiry

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Por Sergio H. Mora

ROMA, lunes 10 septiembre 2012 (ZENIT.org).- La participación de los laicos en la Iglesia es de fundamental importancia y el desafío es que ellos tengan una buena formación cristiana, y que logren proyectarse en todos los ámbitos incluida la vida pública. Los obispos por su parte deben considerar como un don la existencia de movimientos eclesiales o corrientes misioneras que puedan enriquecer a sus Iglesias, siempre que estas nuevas realidades se mantengan en comunión afectiva y efectiva con los obispos.

Lo indicó el secretario del Pontificia Comisión para América Latina, Guzmán Carriquiry, después de exponer como invitado al seminario de obispos de los territorios de misión que organiza hasta el 15 de septiembre en Roma la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. En su intervención destacó la gran corriente histórica de la promoción del laicado, particularmente con el Concilio Vaticano II, a los 50 años del mismo y a los 20 del Catecismo de la Iglesia Católica.

Profesor Carriquiry, las Iglesias de África y Asia hoy en día registran un crecimiento significativo ¿Qué se plantean los obispos?

–Prof. Carriquiry: El seminario en curso es para obispos que mayoritariamente pertenecen a Iglesias jóvenes ya con una cierta tradición, con experiencias muy vivas con sentido de pertenencia y responsabilidad de los laicos en sus propias iglesias. Y el tema que se plantea aquí es la formación de los laicos, son iglesias que crecen considerablemente en el número de los bautizados, de los catecúmenos, de los nuevos cristianos. Sabemos que en África y Asia es donde está el crecimiento más significativo. Aquí los laicos están llamados a vivir y testimoniar su fe cristiana en todos los ambientes de la vida: familiar, social, laboral, a nivel nacional e internacional.

¿Y cuál es el desafío que se presenta para los laicos?

–Prof. Carriquiry: Se plantea el problema fundamental del catecumenado y del crecimiento cristiano para esos bautizados, para que el bautismo no quede sepultado bajo las oleadas de secularización que llega de todas partes. Esos procesos son un tema fundamental. Hay que contar en todo con los laicos, hay una experiencia muy difundida en nuestras Iglesias de ministerios laicales.

Respetando siempre la centralidad de la figura sacerdotal, ¿verdad?

–Prof. Carriquiry: Claro, siempre que se mantenga clara la división entre el sacerdocio ordenado y el no ordenado, y que no se piense que la participación de los laicos pueda sustituir la centralidad de la figura del sacerdote. Todo lo que pasa por el corazón del sacerdote es fundamental para la vida de los laicos

¿Una labor de los laicos solamente en el ámbito religioso?

–Prof. Carriquiry: Si bien la participación de la labor de los laicos es fundamental, generosa y positiva, no podemos contentarnos con una cierta irrelevancia e insignificancia de la presencia de los laicos en la vida pública, política, en economía, en la vida universitaria y científica en todos los campos de la vida pública.

¿También en estos países en dónde los cristianos son minorías los laicos deben aspirar a la presencia en la vida pública?

–Prof. Carriquiry: El papa Benedicto XVI está insistiendo muchísimo sobre esa formación y acompañamiento pastoral de laicos católicos, coherentes con su fe, conocedores dela doctrina social de la Iglesia, con rigor moral, competencia profesional y pasión por el destino de su propio pueblo. Y eso es un gran desafío para las iglesias en Asia y África, en donde muchas veces son minoritarios y en donde esa presencia pública les crea en algunos casos ciertos temores.

¿Y por lo que se refiere a las asociaciones y movimientos laicales?

–Prof. Carriquiry: Quien quiere el protagonismo de los laicos aprecia su dinamismo asociativo. Hoy en día estamos en florecimiento de una nueva estación asociativa entre los laicos, como las pías tradicionales y la expansión de nuevos movimientos eclesiales y no tan nuevos. Insisto que los obispos siguiendo el magisterio del papa acojan providencialmente estos dones del Espíritu, estos dones educativos, corrientes de vida misionera que pueden enriquecer mucho a sus iglesias siempre que esta nuevas realidades se mantengan en comunión afectiva y efectiva con los obispos.