Los medios recortaron el Concilio Vaticano II, dando la idea de discontinuidad

Andrea Riccardi: En Polonia, con el telón de acero y sin los 'media', fue bien entendido

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Por H. Sergio Hernando

ROMA, jueves 8 noviembre 2012 (ZENIT.org).- En el marco del debate sobre el libro en italiano Il Concilio Ecumenico Vaticano II, que se realizó este miércoles en el Capitolio, Roma, el ministro de Cooperación Internacional e Integración de Italia, y fundador de la comunidad de San Egidio, Andrea Riccardi indicó que por primera vez en la historia los contenidos de un Concilio llegaron al público por los medios de comunicación de masas, antes que por la voz de los obispos, órdenes religiosas, o participantes en las labores del mismo.

El profesor Riccardi recordó que la gran mayoría de los medios dio el mensaje del Vaticano II de manera recortada, y que unido a la contestación del 68 creó en el público, mismo católico, una idea de discontinuidad de la Iglesia con el pasado, una hermenéutica de la discontinuidad, cuando en realidad, y basta ver los textos y contenidos del mismo, para entender no solamente la continuidad, sino que “el Concilio no quiso ser una restauración sino un renacimiento de la Iglesia”.

El volumen presentado en Roma, con el subtítulo Per una sua corretta ermeneutica (Para su correcta hermenéutica), ha sido escrito por el arzobispo Agostino Marchetto, secretario emérito del Pontificio Consejo de la Pastoral para los Migrantes e Itinerantes, y publicado por la Librería Editorial Vaticana. En el mismo se comentan diversos libros sobre el Concilio, que Riccardi consideró “como verdaderos ensayos, en los que se ve el carácter de Marchetto de amar el contrapunto y de bajar a debatir los problemas concretos”.

El ministro italiano indicó que el gran tema del Concilio Vaticano II en la historiografía existente es sobre “la hermenéutica de la ruptura afrontada en dos claves, la liberal y la tradicionalista, que en maneras diversas entretanto sostienen la misma tesis: el VaticanoII fue una revolución y una ruptura”.

Riccardi enfatiza: “Debemos decir la verdad, el Vaticano II fue percibido también en el mundo exterior y en el mundo de la Iglesia como una ruptura. ¿Por qué?, por el método con el cual el Concilio llegó a la base católica”.

Ningún otro Concilio --explicó el historiador- había llegado a las diócesis o al pueblo cristiano a través de los medios de comunicación de masas. Porque antes los obispos, las órdenes religiosas, los consejos nacionales, etc, “se encargaban de llevar el mensaje del Concilio a los fieles, al clero. Y estos canales tradicionales fueron absolutamente desplazados por el método de recepción por la prensa”.

Esto se debe también al crecimiento de la prensa religiosa que se autoproclamó como una especie de magisterio eclesial, creando una figura y recortando algunos mensajes del Concilio. Además de la televisión.

“Creo que este es el punto decisivo” indicó Riccardi, primero: el 'cómo' el Concilio llegó a la base religiosa y además el 'cuándo', “o sea en la mitad de los años sesenta, momento en el que el mundo occidental estaba siendo golpeado por una revolución política fracasada, si bien antropológicamente ganadora, que fue el 68”.

O sea un cruce entre el mensaje recortado del Vaticano II y el espíritu del 68 que se “llevó a efecto en la recepción y que paradójicamente tuvieron más eco y más imagen que lo que fue la recepción querida por Pablo VI”.

El actual ministro citó algunas páginas del padre Yves Congar y de Olivier Clement, quien afirmó que en los años 60 en todo el mundo occidental se registra una ruptura de la autoridad y de la autoridad docente.

“Aquí se abre esta bifurcación que nos ha acompañado por varios años, que en algunos países tuvo caracterizaciones diversas, entre una lectura progresista y una tradicionalista del Concilio”. Y “el concilio fue vivido en parte como una revolución eclesiástica, cuyo modelo podría ser la revolución protestante y con aspectos iconoclastas”.

Riccardi indicó que en el 69 Ratzinger escribía en 'El Nuevo Pueblo de Dios', que se pasó de una condición de mayoría que era necesario cuidar, a una minoritaria, en la que “no se pide conservación sino existencia misionera”. O sea, no progresista sino misionera, subrayó Riccardi.

Lamentó que la historiografía tradicionalista haya "pasado de libros de carácter de divulgación a otros con una historiografía histórica y liberal que sostienen tesis que la historiografía no confirma, y con una pizca de idea complotista".

El actual ministro italiano recordó que en cambio en los países detrás del telón de acero, la recepción fue diversa. “Poco se conoce sobre la original recepción polaca” dijo, “ porque se realiza fuera del influjo del ataque, y pasa a través de los obispos, con la opción del cardenal Wyszyński, una reforma litúrgica muy gradual en el signo de la continuidad, no confiada a la experimentación molecular, y con la opción aún más profunda realizada por el cardenal Wojtyla, que es el Sínodo de Cracovia, que concluyó como papa en 1979, en donde se encuentran textos y tomas de posición, como cuando dice: “hay que salir de la sequedad de una Iglesia toda eclesiástica pero también también de la disolución de una Iglesia en el relativismo”. Para entenderlo, indicó, basta ir al testamento de Juan Pablo II en donde “habla del Concilio como brújula y herencia para el tiempo futuro”.

“Cómo llegar hasta la gran tradición de la Iglesia --dijo Riccardi- sino a través de ese puente que es el Vaticano II”, pues si “se corta el puente o se concibe el Vaticano II como un abismo en vez de como un puente, se pierde la brújula”. Porque la gran idea conciliar no fue una restauración de la Iglesia, sea la del 1800 o la tridentina, o la primitiva. En cambio reivindicó que “el Concilio no quiso ser una restauración sino un renacimiento de la Iglesia”.

Se puede adquirir el libro en: http://www.amazon.it/Concilio-Ecumenico-Vaticano-corretta-ermeneutica/dp/8820988550/ref=sr_1_2?ie=UTF8&qid=1352395997&sr=8-2&tag=zenit058-21.