Los milagros de Rafael Guízar Valencia, según su familia

Magdalena y Concepción Mendoza de la Mora Guízar cuentan detalles inéditos

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MÉXICO, viernes, 13 octubre 2006 (ZENIT.org).- Mucho se sabe sobre monseñor Rafael Guízar y Valencia, obispo mexicano de Veracruz. Pero son pocos los que después de casi 70 años desde su muerte pueden hablar con la certeza de haber vivido en sus propias carnes el lado más humano y personal de este extraordinario ejemplo de humildad, fortaleza y caridad.



Este es el caso de las hermanas Magdalena y Concepción Mendoza de la Mora Guízar Navarrete Valencia. El primer obispo nacido en América Latina que será canonizado este domingo por Benedicto XVI era tío abuelo de sus padres.


--¿Quién es Rafael Guízar Valencia?

--Rafael Guízar Valencia nació el 26 de abril de 1878 en Cotija Michoacán, un hermoso pueblo de de la provincia mexicana.

Cuando tenía 23 años fue ordenado sacerdote en la Catedral de Zamora; en 1913 fue nombrado misionero apostólico por el Papa León XIII. En agosto de 1919, fue electo obispo de Veracruz por el Papa Benedicto XV, y el 30 de noviembre del mismo año recibió en La Habana, Cuba, la consagración episcopal.

Su labor pastoral fue constantemente obstaculizada por el ambiente anticlerical del gobierno mexicano de la época, obligándolo a salir desterrado en tres ocasiones y refugiarse entre Estados Unidos, Guatemala, Colombia y la isla de Cuba.

A pesar de todas las penurias, el pastor luchó siempre por procurarle una mejor vida al pueblo sobre todo en el caso de los más miserables, hasta que la muerte lo detuvo el 6 de junio de 1938 en la ciudad de México. Fue trasladado a Jalapa, Veracruz, donde se le dio sepultura.

Doce años más tarde, el 28 de mayo de 1950 se procedió a exhumar su cadáver para trasladar sus restos a una cripta en la catedral de Jalapa. El hecho de que su cuerpo fuera hallado incorrupto, fue el detonante para que el Excmo. Sr. Don Manuel Pío López Estrada, sexto obispo de Veracruz y luego primer arzobispo de Jalapa iniciara el proceso de beatificación de su antecesor.

La causa empezó a tomar interés y fuerza gracias al esfuerzo y dedicación que mostró su postulador Monseñor Pío López. Sin embargo, no fue sino hasta el 29 de enero de 1995 cuando el Padre Rafael Guízar y Valencia fue beatificado por el Papa Juan Pablo II. Este 15 de octubre se llevará a cabo la ceremonia de canonización presidida por Su Santidad Benedicto XVI en la plaza de San Pedro del Vaticano.

--Desde pequeñas sus papás les hablaron de Monseñor Guízar. Él ha estado presente en sus vidas como si hubiera formado parte de la vida familiar. ¿Qué cualidad es la que más destacarían de él, no tanto como obispo sino desde un aspecto más humano?

--Magdalena: Crecimos escuchando historias de monseñor Guízar. Todos los que le conocieron coinciden en que era un hombre de lo más humilde y sencillo; una persona completamente desprendida de lo material. No tenía pertenencias porque todo lo regalaba a los pobres. Mi abuelita nos contaba, que la puerta de su habitación permanecía siempre abierta, cualquiera podía entrar y tomar lo que quisiera, lo que le resultase necesario.
En una ocasión, llegó a su casa con los pies ensangrentados porque se había encontrado a una persona en el camino que no tenía zapatos.

Otra cosa que le caracterizaba, es que llevaba siempre consigo una bolsa de golosinas que repartía…bueno y también hay que reconocer que eran su debilidad.

--Concepción: Sí, sí era un gordito goloso con corazón de niño [risas…]. Jugaba a las canicas con los niños y también era muy bromista.

--Han destacado de entre sus cualidades su entrega y amor por los pobres. ¿Les viene en mente alguna anécdota?

--Concepción: Sí, recuerdo que mi papá decía que era tal su amor por los pobres que compraba canastos y canastos de pan y los repartía en la calle entre ellos. En una ocasión se presentaron unos muy miserables pidiendo de comer cuando ya se había distribuido todo el pan. Monseñor Guízar se enteró de la presencia de estos individuos, a los cuales ya se les había comunicado que no se les daría nada, y dijo a sus ayudantes que fuesen a por los canastos y recogiesen el pan. Estos, le recordaron que ya no quedaba nada por repartir. Sin embargo el Padre Guízar insistía en que aún quedaba pan por distribuir. Efectivamente cuando sus asistentes fueron a por los canastos, los encontraron repletos de pan.

--Magdalena: Evidentemente fue un milagro, así como también hay varios testigos, entre ellos mi papá, que le vieron en alguna ocasión levitando.

--Concepción: También se dice que monseñor Guízar tenía el don de la bilocación. Mi mamá platicaba que un día mientras estaban en la hacienda, monseñor le dijo a mi papá: «oye José, tu tío José María esta muy enfermo, hagamos un momento de oración para ayudarle a bien morir». Resulta que el tío se encontraba en otra hacienda que estaba muy lejana de donde estaban ellos, el padre Guízar entonces, se puso en oración profunda y al cabo de unas horas dijo: «José María ahora descansa en paz». Lo curioso es que los familiares del difunto aseguran que monseñor Guízar estuvo ahí presente, dándole los santos oleos. ¡Ahí está, estuvo en los dos lugares al mismo tiempo y mis papás fueron testigos de este don!

--Es cierto que su fama de santidad en vida se certificó también después de muerto. Su cuerpo fue hallado incorrupto, y este hecho insólito fue el detonante para iniciar el proceso de beatificación y canonización. Se dice que su corazón fue hallado en perfectas condiciones y muchos de los que le conocieron lo atribuyen a su grande espíritu de sacrificio. ¿Qué opinan al respecto?

--Magdalena: Tenía un corazón puro, dicen que cuando encontraron su cuerpo incorrupto el corazón asemejaba al de una persona viva. Se dice también que entre los doctores había uno muy escéptico que quería hacer un corte con bisturí, pues estaba seguro que de haberlo hecho hubiera salido incluso sangre.

--Concepción: Después de 12 años de muerto su cuerpo estaba intacto, salvo un ojo. Él pasó muchas penurias durante la persecución religiosa. Ofreció en vida un ojo por la conversión de un General del ejército que había causado mucho daño, cuando encontraron el cuerpo del Padre Guízar vieron que tenía un ojo seco.

Por Sandra Ramírez