Los militares tienen que ser «ministros de la paz», considera el pontífice

Al encontrarse con los obispos y capellanes castrenses

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 26 de octubre 2006 (ZENIT.org).- Para Benedicto XVI los militares deben ser «ministros de la paz» y la labor de ayuda espiritual que les ofrece la Iglesia debe contribuir a este objetivo.



Así lo explicó este jueves al encontrarse con los participantes en el quinto congreso internacional de los ordinariatos militares, que son, por decirlo de algún modo, las diócesis sin territorio a las que pertenecen en cada país quienes trabajan en las fuerzas de seguridad.

El encuentro se celebra del 23 al 27 de octubre en el Aula Antigua del Sínodo del Vaticano con el lema: «Los militares al servicio de la paz» por iniciativa de la Congregación para los Obispos, de quien dependen estos ordinariatos directamente.

Al dirigirse a obispos y capellanes castrenses de todo el mundo, el pontífice citó la constitución apostólica «Spirituali Militum Curae», publicada por Juan Pablo II en 1986 para recoger la reglamentación canónica de la asistencia espiritual de los militares a la luz del Concilio Vaticano II.

En el «Proemio» de ese documento se recuerda que quienes prestan servicio militar pueden considerarse «como ministros de la seguridad y de la libertad de los pueblos», pues, «si cumplen su deber rectamente, también ellos contribuyen verdaderamente a la estabilidad de la paz».

Por ello exhortó a los obispos y capellanes castrenses a ayudar a los «militares a ser auténticos expertos y maestros de lo que la Iglesia enseña y practica de cara a la construcción de la paz en el mundo».

Y, según aclaró, «el magisterio de la Iglesia sobre el tema de la paz constituye un aspecto esencial de su doctrina social».

La visión de la Iglesia, añadió, «ha influido en la cultura occidental, promoviendo el ideal de que las fuerzas armadas estén al servicio exclusivo de la defensa y de la seguridad de los pueblos».

«Por desgracia --deploró el obispo de Roma-- en ocasiones otros intereses, económicos y políticos, fomentados por las tensiones internacionales, hacen que esta tendencia constructiva encuentre obstáculos y retrasos, como se puede ver con las dificultades que experimentan los procesos de desarme».