Los monjes muestran sus raíces a una sociedad que las ha olvidado

Visita del cardenal Murphy-O'Connor a la abadía benedictina de Downside

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BATH (Reino Unido), martes, 14 marzo 2006 (ZENIT.org). En la actual Europa en la que se da el fenómeno de «creer sin pertenecer a nada», donde la familia es frágil, los monasterios enseñan el «arte de pertenecerse», reconoció el arzobispo de Westminster al visitar a los monjes de la Abadía de Downside.



El cardenal Cormac Murphy-O'Connor dijo estas palabras en la eucaristía de celebración de la fiesta de san Gregorio y en el cuatro centenario de este monasterio benedictino, joya de arte y espiritualidad situada en Stratton-on-the-Fosse, cerca de la localidad balnearia de Bath, al sureste de Inglaterra.

En una sociedad en la que la gente busca los «frutos» sin tener «raíces», las comunidades monásticas muestran con su existencia «las raíces de nuestra existencia a las que hay que prestar atención, si queremos que nuestras vidas estén llenas de alegría», dijo el cardenal en su homilía.

Un monasterio «no es una evasión de la fragilidad de la naturaleza humana, sino un modo de descubrirla y transformarla», añadió.

Es un lugar de «ayuda mutua y relaciones de alianza» donde «las personas aprenden a relacionarse, a amar a los demás, a encontrar a la persona más allá del cliché, a vivir la ternura, a comunicar, a perdonar, a crecer en libertad y a rezar juntos», indicó el cardenal.

El arzobispo de Westminster alabó la regla de san Benito a la que describió como «una roca aunque no es algo duro».

Afirmó que le gustaría ver cada una de las reglas y doctrinas de la Iglesia de la misma manera en que san Benito entendía las suyas: «como suaves estímulos para cambiar y no como pesados fardos; lecciones de la escuela del amor».


El cardenal Murphy-O'Connor subrayó que por estos motivos «es un tiempo oportuno para ser monje» y formar parte de «una gran tradición que es vehículo de gracia abundante».

Felicitando a la Abadía de Downside en su aniversario, recomendó a los monjes: «Seguid haciendo de vuestro monasterio un espacio de libertad alegre, signo de paz y recuerdo de la belleza de la santidad».